Era 25 de Noviembre, el frío ya era notable, incluso en tierras madrileñas. Y es que allí estábamos en un desplazamiento, esta vez tocaba el Calderón, el Atlético de Madrid. Más de 1000 eramos los ilusionados, ¿por qué no íbamos a mojarle la oreja al Atleti?.
El partido tuvo un principio y un final cruel, difícil de asimilar para todos nosotros. Cuando llegó el gol definitivo que terminó de hundirnos era muy desagradable ver como el aficionado del Atleti que tenías al lado, con el que habías charlado y reido, se reía de ti, de tu equipo. Pero todo se supera, todo por el Real Valladolid.
De vuelta a casa, con cara de bobo tras lo sucedido, piensas "Por qué nos pasa ésto, no lo entiendo, siempre igual...". No encuentras una respuesta clara, simplemente una vocecilla que parece venir como del corazón te dice "No te preocupes, somos el Pucela, ésto es así, te ha tocado sufrir". Y con mucho orgullo desde la primera vez que escuché esa voz, llevo mi sufrimiento por toda España.