Fuimos entrenados por los mejores. Hemos luchado mucho cada día para poder llegar a aquí y recorrido un largo camino plagado de sufrimientos y dificultades.
Tal vez no hemos sido conscientes de lo que significaba hasta hoy, cuando nos hemos enfundado nuestra armadura, la elástica violeta y blanca, por última vez.
Pero no estamos solos. Una imparable batallón armado de banderas y bufandas que muestran orgullosos ha llegado para apoyarnos en el campo de batalla. Observa. Están por todas partes, es una marea con nuestros colores. Rugen sedientos de triunfo lanzando al viento su grito de guerra: —«¡Pucela!».
Peleemos en buena lid hasta la extenuación; hasta que nuestro enemigo sucumba bajo nuestros pies. Un último esfuerzo, compañeros, no nos rendiremos ahora. Noventa minutos nos separan de la gloria definitiva, de poder alzar el trofeo que nos haga entrar en el olimpo de la historia.
Once guerreros combatiremos en la llanura convencidos de la obtención de la victoria, porque nuestro ejército lo integra toda una ciudad: Valladolid.