«Te daré cinco lenguas de fuego y otros tantos castillos, emblemas de esta tierra, para convertir nuestra fortaleza en un infierno inexpugnable.
Se te entregarán cuatro espadas, con las que lucharás hasta el final por defender las bandas blancas y violetas y las iniciales de tu nombre.
Te será concedida la laureada como símbolo de tu bravura, reservada tan sólo a los estandartes plagados de victorias, y te coronaré como el escudo más hermoso de planeta futbolístico.
Por último serás colocado en una elástica legendaria, a la altura del corazón, y serás defendido con honra y con respeto.
..Y ondearás bajo el viento, en las banderas de cada estadio, en las frías noches de invierno y en cada triunfo. Y serás el objeto más preciado y alabado. Y nunca te sentirás solo, porque Pucela estará a tu lado.
Porque Pucela eres tú».