Yo aquí, aburrido y mojado, rodando aterrado...
Exactamente no sé dónde estoy, yendo de un lado para otro. Lo único que sé es que pertenezco a mi dueño. El mejor dueño del mundo, el que mejor me conoce: el Real Valladolid.
Os tengo que dejar, alguien me ha golpeado y me estrello contra una red. Pierdo el sentido. Lo único que oigo es: «¡gooool».
Parece a nuestro favor. La gente está muy contenta y salta de alegría agitando sus bufandas blanquiviloetas, gritando al viento una y otra vez.
-¡Puceeeeeela!, ¡Puceeeeeela!