Iba a ser simplemente un trámite. Había que tener entereza y trabajar. Y al siguiente lucharíamos por ello… o no. Alguien, un ángel o quizá un pícaro diablejo decidió que no había por qué esperar. Que debía ser éste y no de cualquier forma. Un aura de coraje y sacrificio impregnó a un grupo de elegidos para cumplir con una épica empresa que quedaría en memoria de muchos y recuerdo de todos. La partida se prestó cruelmente ominosa, para regocijo de los más agoreros. Pero cual ave Fénix que resurge con más vigor tras caer, aquello no fue sino el preludio de la más gloriosa campaña de ascenso que recuerdan los ancianos del lugar. Uno tras otro fueron cayendo impotentes los rivales que osaban rebelarse contra el destino. Éste era el año de la redención, de regresar a donde correspondía. Después sólo hubo tiempo para panegíricos y demás alabanzas por parte de los eruditos del lugar.