1983. Era fría, aquella mañana. El viento soplaba ligeramente.
Comencé a andar de nuevo, mirando hacia arriba, al frío cielo de noviembre.
Imaginé miles de gargantas coreando el nombre de mi equipo.
Mis compañeros me llamaban; eché a correr.
Ante una pequeña piedra, tropecé y caí sobre el duro asfalto. Observé cómo el balón botaba a pocos metros de mí.
Me levanté y me apresuré a él. Llegué con fuerzas suficientes para darle un último impulso, y ver cómo cruzaba la línea de gol. Pero...
[...]
1997. Es fría, esta mañana. El viento sopla ligeramente.
Comienzo a andar de nuevo, mirando, hacia arriba, al frío cielo de noviembre.
Miles de gargantas corean el nombre de mi equipo.
Mis compañeros me llaman; echo a correr.
Ante un defensa, tropiezo y caigo sobre la hierba aún húmeda. Observo cómo el balón bota a pocos metros de mí.
Me levanto y me apresuro a él. Llego con fuerzas suficientes para darle un último impulso, y ver cómo cruza la línea de gol. Pero...
El linier ya ha levantado el banderín. Fuera de juego.