Querido Pucela, hace tiempo que no nos vemos. He estado en Bélgica viviendo durante tres años por motivos de trabajo y no he podido estar presente en todos tus partidos. Me gusta, siempre que estoy aquí, venir a tu estadio y estar contigo, pero he sufrido demasiado con la espera por volver a verte.
Hace dos años supe que jugaste por tierras belgas en pretemporada. Aquel día salí desde Amberes, tras trabajar en mi oficina por la tarde. Me había llevado tu camiseta y había previsto la ida en tren a Mouscron. Había calculado incluso la hora prevista de llegada; la vuelta me importaba poco, quería verte a toda costa. Algo funcionó mal con la combinación en tren y llegué tarde a tu cita. Decidí seguir adelante y me encontré en una ciudad desconocida, con la mitad de la primera parte comenzada, el estadio con las puertas cerradas y sin la posibilidad de poder entrar. Sólo la espera y la insistencia hicieron que alguien del R.E. Mouscron pudiera dejarme entrar, me vio con tu camiseta y aquel día fue un gran día especial para mí. Ganaste 1-2 y tuve la sensación de seguir disfrutando contigo. ¿Te acuerdas de aquel día?