Rondan las nueve y cuarto de la noche, de un sábado cualquiera.
En unas décimas de segundo, una sensación indescriptibleble invade mi cuerpo e instantes seguidos noto como se abalanzan sobre mí los amigos que me rodean, mis amigos, y los gritos no paran de sucederse entre desconocidos y conocidos.
Tres días después, mi autobús se detiene de nuevo en Cork, Irlanda, donde estoy disfrutando de tres meses inolvidables gracias a una beca, y vuelve a recorrer mi cuerpo ese escalofrío que sentí tres noches atrás. Sonrío, y después de recorrer cientos de kilómetros entre aviones, trenes, autobuses y coches, sólo pienso, ¡qué noche!, y entonces por mi cabeza vuelven a pasar aquellas imágenes con el golazo de Cannobio al Real Madrid.