Todo comenzó una soleada tarde de primavera cuando su abuelo la llevó a descubrir aquel enorme parque a las afueras de la ciudad. Allí le vio por primera vez, le llamó enormemente la atención, no era el chico más alto, ni el más guapo, ni siquiera el que mejor jugaba a la pelota, pero el amor es así, no entiende de razones.
Poco a poco se fueron conociendo y ella pasaba toda la semana deseando que llegase el domingo para poder reencontrarse con él.
Pasaron los años, hubo momentos buenos, felices y también tristes y como en todas las relaciones surgen problemas y dificultades y la rutina es una de las peores. Hasta que ella decidió que era el momento de separarse y alejarse.
Pero el destino es muy caprichoso y concede una segunda oportunidad y tres años después, un 22 de abril de 2007, volvieron a cruzarse en el camino. No se puede explicar con palabras la explosión de sentimientos que tuvo en su interior, todos los recuerdos que pasaron por su cabeza y en aquel mismo momento se prometió a sí misma que nunca más se alejaría de él y que estarían juntos el resto de su vida.