Brrrr, ¡qué frío! Aquellos minutos se hacían interminables, sentados en nuestras butacas bajo una noche cerrada, muy cerrada, esperando a ver que pasaba.
El estadio estaba casi lleno. Podía oír como rechinaban los dientes el señor que estaba sentado a mi lado; Filas atrás, un niño lloraba. En la tribuna de enfrente alguien encendió un mechero.
Mientras, suponíamos que los jugadores y el árbitro seguían en el césped esperando a ver que pasaba. Me pareció oír el ruido de los tacos de una bota contra el poste, imagino que sería de algún portero.
Según pasaban los minutos el público comenzó a chiflar. Poco después, en otro momento de silencio, alguien gritó ¡puceeeela! Y se hizo la luz.