Estoy en mitad de la eterna oscuridad y aún huelo a tierra mojada. Permítanme que gire al otro lado y despierte a mi amigo Barbáchano, a mi hermano Montalbán, al compadre San Miguel y su cabeza de martillo… Todavía hacía calor, el gentío se regocijaba con la feria y quedaba poco más de un año para aquel malhadado jueves que ustedes recuerdan. Lo que no sé si conocen es cómo me jalearon cuando le marqué a Beristaín. Vi a un gerifalte orondo lanzar su puro al aire mientras yo avanzaba abriendo los brazos, con zancadas que ponían a prueba mis amplios calzones blancos. No volví a sentir nada parecido porque no obtuve mucho éxito con la rayada violeta. Ahora, en medio del silencio terroso y con todo el tiempo del mundo, créanme si les digo que me distraigo con aquello. No creo que ustedes sepan de mí pero les juro que me anticipé al cielo y que todos se abrazaron por primera vez.