¿Me tiro? ¿No me tiro? Decide rápido Pedro, no hay tiempo para dudas. Cerré los ojos y me dejé caer. En ese mismo instante ya me había invadido el arrepentimiento, pero era demasiado tarde, no había vuelta atrás, sólo quedaba esperar. Mientras se prolongaba mi caída libre tuve tiempo de pensar en las consecuencias de mi precipitada decisión, en las alternativas que podría haber tomado. Me preguntaba a mí mismo por qué no había seguido hacia delante, luchando hasta el final, en vez de tomar la decisión más fácil, la más cobarde, la de tirarme. Mi cuerpo por fin aterrizó en el piso, con un golpe seco acabó todo. O estaba a punto de empezar. Mis ojos seguían cerrados, pero sabía perfectamente todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, y lo que era peor, podía presentir lo que iba a acontecer a continuación. Levanté la cabeza y allí estaba él, dirigiéndose hacía mí implacable, había llegado el momento del juicio final. Segunda tarjeta amarilla por tirarme, y expulsado. Acababa de dejar a mi equipo con uno menos, y ante todo un Atlético de Madrid líder. Ya no había vuelta atrás.