Nada más acabar el encuentro ante el Mallorca todos los blanquivioleta de corazón se vieron invadidos por el pesimismo. Pero conforme pasan las horas los jugadores se muestran cada vez más convencidos de que no hay nada perdido. Restan 42 puntos en juego, como se encargó de recordar Gregorio Manzano, y el Pucela no arrojará la toalla. Nunca.
El vestuario es consciente de lo mucho que hay en juego y de que hay dos claves que tiene que manejar en futuros compromisos. La clave negativa es que el equipo se viene abajo cuando recibe un palo. Sucedió en el momento en que los bermellones lograron el empate momentáneo gracias al cabezazo de Rubén. Sobrevino un cortocircuito que dejó sin ideas a unos locales que hasta ese momento dominaban el marcador y eran mejores tras el descanso. Por eso es necesario trabajar el aspecto psicológico y darse cuenta de que lo difícil es ponerse por delante en el marcador y que los partidos duran más de noventa minutos. No por el hecho de recibir un revés estás condenado.
La clave positiva, en la que coinciden todos, es la necesidad de conseguir un triunfo que revitalice la dinámica de un equipo que había mejorado sus sensaciones de juego en los últimos encuentros y que ha tenido ventaja en los choques ante Zaragoza, Osasuna y Mallorca. En cuanto llegue esa victoria todo se verá de otra manera. Tres puntos valen su peso en oro, no sólo en la tabla sino también en el aspecto mental.
Por ese motivo, y como bien dicen Del Horno y Bueno -protagonistas este lunes en la zona mixta de Zorrilla-, ahora sólo queda centrarse en el partido de San Mamés. Un campo difícil, sin duda, en el que el Pucela tendrá que salir a morder para conseguir una victoria balsámica que permita engancharse de nuevo al numeroso grupo de equipos que aún tiene a tiro de piedra.
Fotografías (César Minguela): Sesma y Borja conducen la pelota durante el partido ante el Mallorca.
Declaraciones de Del Horno
Declaraciones de Bueno