El Pucela comenzó la Liga 09/10 como terminó la anterior, sufriendo heroicamente para sacar un punto. Y lo consiguió a base de sudor y fortuna, ante un Almería que jugó con un jugador más durante todo el partido, porque apenas estaban entrando en el partido los equipos cuando un error de Nivaldo provocó que tuviera que cazar a Kalu Uche cuando iba a entrar en el área para encarar a Jacobo y tuvo que irse a la caseta en el minuto 12.
Si Nivaldo no había arrancado a sudar todavía cuando vio la roja directa por evitar una manifiesta ocasión de gol y tenía que irse a la ducha, sus compañeros arrancaron a hacerlo de lo lindo.
En la jugada siguiente a la expulsión del brasileño, Nauzet estuvo a punto de marcar al aprovechar un saque largo de Jacobo prolongado por el central Chico, pero aquello fue un espejismo. Precisamente Nauzet fue el sacrificado para recomponer la defensa con Baraja. Un cuarto de hora duró el debut del canario en Primera división.
Primer once del Real Valladolid en la Liga 09/10.
Así, el Pucela se quedó con Jacobo en la portería; Pedro López, Baraja, Luis Prieto, Yuri en defensa; Haris y Álvaro Rubio en el centro del campo; Canobbio y Sesma con libertad de movimientos en la media punta; y Manucho, convertido en el llanero solitario, arriba.
Tras la expulsión de Nivaldo, el Pucela quedó aturdido sobre el campo. El Almería le pasó por encima y si no marcó fue porque le falló la puntería. Y en medio del ciclón andaluz que movía como un títere al Real Valladolid, dos acciones dignas de mención. La primera, un robo de balón de Manucho, que tapó el balonazo de Chico en defensa, bajó el balón, recortó con la derecha, se acomodó el balón a la zurda y disparó fuera por muy poco. La segunda, que Mendilibar vio tan negro el panorama que a los 36 minutos trató de taponar la vía de agua que fluía desde el centro del campo metiendo a Borja por Haris Medunjanin.

Fotografía (lavozdealmeria.com): Jacobo atrapa el balón ante la desesperación de la delantera almeriense.
Antes del segundo cambio del Real Valladolid el Almería había dispuesto de ocasiones muy claras. La mejor, una doble de Crusat en la misma jugada que primero resolvió Jacobo con un paradón y después una loncha de césped en la que tropezó el balón cuando el pequeño extremo iba a fusilar con la zurda al portero vallisoletano, que respondió con una buena actuación la confianza que en él depositó Mendilibar. Jacobo estuvo inconmensurable y firmó paradas de gran categoría.
Segunda mitad
En la segunda mitad, el Almería consiguió el asedio, y volvió a estar muy cerca de marcar. Empujó y remató, pero no vio puerta. La última pólvora que le quedaba la gastó en el minuto 71: Kale Uche remató al larguero de cabeza y el rechace lo remató a bocajarro David Rodríguez, pero se encontró a Baraja bajo palos.
Curiosamente, cuando se preveía unos 20 últimos minutos de auténtico acoso y derribo, el Pucela, a base de defender, aprendió a hacerlo y frenó bien a un Almería que buscaba a Negredo, pero el extraordinario delantero madrileño esta temporada está en el Sevilla. Y Goitom, lesionado, tampoco estaba para empujarla.
El Real Valladolid no fue el Real Valladolid -no pudo ser el Real Valladolid-, y se fue de Almería con una sensación agridulce. Por un lado sumó un punto que no mereció porque el Almería fue claramente superior y de 100 partidos como el de este domingo, en 99 ganará, pero por otra salió de los Juegos del Mediterráneo con una sensación de impotencia por no haber podido jugar a lo que sabe y haber tenido que meterse en una defensa numantina que no le gusta, que no es su estilo, pero que quizá le otorgó un punto. Un punto de sudor y fortuna. Un punto muy rico para no comenzar la Liga con el mal sabor de boca que deja la derrota.
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Fotografía de portada (as.com): Manucho acabó exhausto tras "pegarse" en solitario con toda la defensa del Almería. Fotografía superior (marca.com): Nivaldo abandona el campo en el minuto 13 tras su expulsión.