El periodismo futbolístico ha robado una frase al ajedrez: firman las tablas. Muchas veces el empate es un circunstancia del juego, pero la frase le viene como anillo al dedo a lo que esta tarde dio de si el partido entre el Real Valladolid y Osasuna. Ni los blanquivioleta ni los rojillos están bien, cada uno por motivos diferentes, y jugaron con más miedo a perder que ambición a ganar.
El Real Valladolid ha perdido chispa en la recta final de temporada, con un importante número de bajas y mucho desgaste físico acumulado en las piernas. Para que el Real Valladolid sea reconocible necesita estar con el armamento intacto y en este momento parece haber llegado con la munición justa.
Mendilibar planteó un once con muchos cambios, con Asenjo en la portería; Pedro López, Luis Prieto, Iñaki Bea, Marcos, en defensa; Baraja y Borja como medios centros; Haris Medunjanin un poco más adelantado para intentar dar salida al balón; Aguirre por banda derecha, Pedro León por la izquierda; y Oldoni en el ataque. García Calvo, Sesma, Álvaro Rubio y Óscar Sánchez estaban fuera por lesión, y Víctor en la grada y Canobbio en el banquillo arrastraban molestias que aconsejaban un descanso.
Y acabó con más cambios todavía porque, al margen del cambio de Ogbeche por Oldoni, se lesionaron Pedro López y Borja y tuvieron que entrar Nano y Jesús Rueda. Y con la entrada de Nano, más cambios tácticos, porque Alberto Marcos pasó al lateral derecho y el manchego se colocó en el lateral zurdo.
Los cambios obligados, el miedo a perder, la falta de chispa para presionar y poca pegada en el remate, amén de llegar con pocos efectivos, provocaron que el Real Valladolid sólo creara peligro a balón parado, como dos cabezazos de Oldoni e Iñaki Bea en sendos córners botados por Haris Medunjanin, en la primera media hora de partido.
Miedo a perder
Pese a todo, en la primera parte, el Real Valladolid tuvo más el balón y más que crear peligro, evitó que Osasuna merodeara por los dominios de Sergio Asenjo. Pronto dio síntomas el equipo navarro de que también estaba con lo justo y que daba por bueno el empate, aunque en el tramo final de la primera parte gozó de dos buenas ocasiones que podrían haber cambiado el curso de los acontecimientos, pero Nekounam falló un remate franco y Asenjo firmó un paradón de los suyos a un disparo desde la frontal de Juanfran.
La segunda parte fue plana. Ninguno de los dos equipos podía imponerse con claridad y aunque Osasuna llegaba más a la portería blanquivioleta, no dio sensación de peligro en el remate porque Pandiani estaba en Pamplona. Lo intentó Massoud con un remate franco en el área que marró incomprensiblemente y Luis Prieto tuvo que sacar un peligroso chut de Juanfran.
En esta segunda mitad, el Real Valladolid se atascó ya del todo y sólo acertó a rematar dos veces, por medio de Pedro León y Baraja, por encima del larguero.
Y con esa sensación de que ninguno de los dos equipos daban más de sí se firmaron las tablas, que si Osasuna da por buenas, el Real Valladolid debe dar por mejores.
Fotografías (Gonzalo Martín). En portada, Pedro León y Apilicueta, en carrera. Arriba: Iñaki Bea se lamenta de cabezazo en la primera mitad a la salida de un córner que se le fue alto por muy poco.