Haris adelantó en el minuto 80 a un Real Valladolid que no supo frenar el ataque en tromba final de Osasuna y que originó el gol del empate de Camuñas en el minuto 86, segundos antes de una ocasión clarísima para los bla
El Real Valladolid sale fortalecido del Reyno de Navarra. No pudo romper el maleficio que le condena a no ganar nunca allí, pero estuvo muy cerca. A cuatro minutos. Al menos, el Pucela sumó un punto en un momento en el que necesitaba puntuar, pero estuvo tan cerca de ganar que para los blanquivioleta quedó más la sensación de haberse dejado en Pamplona dos puntos de oro, que les habrían sacado del descenso.
El Pucela dejó en Pamplona una imagen correcta, la de un equipo que trata de sacar la cabeza con esfuerzo y que supo maniatar a Osasuna y hasta crear sus ocasiones de marcar, una de las cuales acabó con un golazo de Haris Medunjanin, aunque finalmente no fuera suficiente para ganar.
Haris celebró su gol con el banquillo.
En cualquier caso, cualquiera de los dos equipos pudo ganar -ocasiones hubo en ambas portería-, por lo que quizá el reparto de puntos fue el resultado más justo. No obstante, al Real Valladolid siempre le quedará ese regusto amargo de haber estado más cerca de ganar que de peder ante Osasuna porque, en un partido cerrado, dio siempre la impresión de que aquel equipo capaz de marcar un gol iba a ser capaz de llevarse el partido. Haris dio en la diana, pero el Real Valladolid no supo aguantar el tirón de Osasuna en los minutos finales.
Contratiempo
Como no podía ser de otra manera, las lesiones persiguieron al Real Valladolid hasta el último minuto. Si siete jugadores se habían quedado en Valladolid por lesión, en el calentamiento se resintió Pelé y quedó fuera de combate, por lo que Lázaro actuó en el doble pivote con Borja, con Pedro López, Baraja, César Arzo y Del Horno en defensa, y Keko, Bueno, Sesma y Manucho por delante del centro del campo. En el minuto 60, Pedro López, otro de los "tocados", tuvo que tirar la toalla para que Marcos ocupara el lateral derecho. El otro cambio fue en la mediapunta y resultó determinante porque Haris salió por Bueno en el minuto 70 y en 20 minutos el bosnio dio un pase de gol a Sesma, que falló la ocasión; puso un balón de falta que no fue gol de milagro; marcó un gol de bandera, marca de la casa, desde fuera del área y esta vez con la derecha; y tuvo una nueva ocasión justo en la jugada anterior al empate de Osasuna y que podría haber supuesto el segundo tanto vallisoletano que habría sentenciado el partido.
El partido fue muy cerrado. Osasuna salió con un ritmo lento que permitió al Real Valladolid defender sin agobio alguno. En la primera media hora, sólo un latigazo de Pandiani al palo, desde fuera del área, despertó a una afición navarra aburrida.
Arzo y Baraja estuvieron muy serios en el eje de la zaga.
El Pucela, aunque quiso jugar el balón desde atrás, cuando más peligro creó fue en los balones largos a Manucho. El angoleño trabajó bien en esa faceta y bajó bastantes balones. Y cuando la zaga despejaba, el Real Valladolid, bien colocado, fue capaz de ganar muchas segundas jugadas. Le faltó manejo en el centro del campo, pero lo compensó con lucha, colocación y velocidad, sobre todo en la banda derecha, donde Keko puso guindilla al ataque con rapidez y desborde, y equilibro gracias a su capacidad de trabajo. Incluso el extremo madrileño, siempre pegado a la cal por la derecha, hizo creer al Real Valladolid que podía hacer algo más que defenderse bien, con un derechazo que estrelló en el palo a la media hora de juego y que supuso la contestación a la ocasión que acababa de tener Pandiani con su remate a la madera.
De hecho, en los últimos minutos de la primera parte, Nekounam puso una falta en la cruceta, pero el Real Valladolid fue otra vez capaz de responder con una buena ocasión de Manucho, que sacó en el último momento Miguel Flaño.
En la segunda mitad todo siguió igual, con Osasuna sin saber cómo meter el diente al Pucela y con el Pucela con un ojo en Ricardo y otro en Justo Villar. Pero sin hacer nada, Osasuna tiene peligro. En el minuto 64, Flaño no pudo precisar un cabezazo cuando había ganado el segundo palo en una falta lateral, y en el minuto 66 Nekounam se sacó de la manga un derechazo impresionante desde 30 metros que Justo Villar solo pudo seguir con la vista hasta el palo, que repelió, por tercera vez, el obús.
Justo Villar persiguió hast la frontal del área a Aranda en esta jugada, que acabó sin peligro.
Para cambiar el partido, Onésimo metió a Haris. Era el minuto 70. El bosnio no tardó en entrar en el partido. Nada más salir al campo, botó una falta muy peligrosa. Después, condujo una contra para poner un balón de gol a Sesma, que no supo definir en el área. Y en el minuto 80, Manucho bajó con el pecho un saque de portería de Justo Villar y le dejó un balón en la frontal, levantó la cabeza y, con la derecha, la puso pegada al palo, imposible para Ricardo. Otra muesca en su cinturón. Otro golazo de bandera. Era el 0-1.
Ataque en tromba
Pero en los últimos minutos, el Real Valladolid no supo o no pudo frenar el ataque en tromba de Osasuna. En vez de cerrar el encuentro y pararlo, el Pucela lo dejó más abierto de lo que había estado hasta ese momento. Osasuna se fue adelante con todo y forzó centros, córner y llegadas al área. Como el partido se convirtió en un ataque en tromba de Osasuna, permitió al Real Valladolid cerrar el partido, pero falló el 0-2: Keko se fue por la derecha, con la defensa rojilla desordenada, y centró para Manucho que, en la frontal, a quemarropa, tuvo la opción de fusilar, pero la pegó con la derecha, su pierna mala, y Ricardo repelió el balón, que le cayó a Haris, muy escorado, que optó por un centro fuerte para Sesma al que se le anticipó "in extremis" Monreal.
Manucho no vio puerta, pero batalló bien con la defensa navarra.
En el correcalles, del posible 0-2 se pasó al 1-1 porque en la jugada siguiente Osasuna forzó un córner y de él nació el empate final, cuando Rúper puso el centro, rechazó en primera instancia la zaga, pero el despeje volvió al canterano local, que puso un centro al segundo palo que sobrepasó por arriba a Justo Villar y donde Camuñas había ganado la acción para empujar a puerta vacía. El portero paraguayo reclamó que con el efecto del centro, de fuera a dentro, el balón había salido del terreno de juego, pero ni el juez de línea ni Iturralde lo vieron así.
Una pena, pero el Pucela sigue vivo y a pesar de que las lesiones le han castigado sobremanera ha sido capaz de ser competitivo en un campo maldito y de donde nunca es fácil salir con premio.
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Fotografías (Efe).