El Real Valladolid se reencontró con la victoria (1-2) en el partido que esta tarde disputó en el Vicente Calderón bajo un intenso aguacero, lo que unido a la copiosa nevada caída en Madrid durante toda la mañana del sábado dejó un estado del terreno de juego muy pesado, que obligó a todos los jugadores a un derroche físico tremendo y quizá provocó las tres lesiones que hubo en el choque: Óscar Sánchez (min. 9), Simao (min. 36) y Canobbio (min. 59). Tras un mes de enero aciago, con febrero llegó la luz.
Por el despliegue físico, por el descaro con el que el Real Valladolid afrontó el duelo y por las ocasiones de gol creadas ante el Atlético de Madrid, en ciertas fases el encuentro recordó al que el Pucela había disputado la pasada temporada en el Calderón y que se saldó con la derrota blanquivioleta en el último minuto con un gol en propia puerta de Pedro López. Esta tarde también hubo gol en propia puerta (1-1, García Calvo en el minuto 54), pero eso no impidió el triunfo vallisoletano.
Fotografía (Efe): Borja, que cuajó un partido sensacional, roba el balón a un apagado Kun Aguero.
Aunque la realidad es que hubo diferencias significativas. La temporada pasada el Real Valladolid fue capaz de meter tres goles en jugada; esta vez, creando más ocasiones, sólo pudo anotar a la salida de un córner (0-1, min. 50), por medio de Luis Prieto, y de penalti (1-2, min. 78), obra de un Víctor que había salido por Canobbio, lesionado fortuitamente a media hora del final tras golpear mal el balón por el mal estado del césped.
Ayza Gámez, protagonista
Otra diferencia es que en aquel partido Sesma, después de volver loco a Varela, provocó la expulsión del atlético; esta tarde, el árbitro debió expulsar a dos jugadores rojiblancos, pero el Atleti acabó con once (o con doce) el partido. Ayza Gámez, que no estuvo a la altura del encuentro, perdonó la roja a Pablo en el minuto 10 de partido, después de que el zaguero cometiera un penalti como la Catedral de la Almudena sobre Canobbio cuando se disponía a batir a Leo Franco. El colegiado valenciano se hizo el sueco y ni pitó la pena máxima ni expulsó a Pablo, lo que hubiera condicionado el partido favorablemente para el Real Valladolid. Al menos, si aquí falló al 100%, en el minuto 78 sí pito el claro penalti de Pernía sobre Goitom, que provocó el 1-2, aunque se olvidó de expulsar al argentino, que derribó al delantero eritreo a dos metros de la línea de gol cuando iba a rematar. 50% para Ayza en esta acción.
¿Más diferencias? Por ejemplo, el año pasado Butelle no estuvo muy brillante y provocó la reacción del Atlético. Este domingo, Justo Villar, que nada pudo hacer para evitar el gol en propia puerta de García Calvo en un desvío muy rápido tras un disparo de Forlán que se iba fuera, salvó el empate en el minuto 92 cuando quitó de la cabeza el balón a Agüero, que iba a rematar solo tras ganar la posición a Nano, que jugó todo el partido, a buen nivel, en el lateral izquierdo por la lesión muscular en el minuto 9 de Óscar Sánchez, quien a su vez había recogido el testigo de Marcos, lesionado en Valladolid.
Para el Pucela el partido fue mágico. Estuvo vertical a la hora de elaborar el juego, velocidad y fe al contraataque, y muy serio atrás. El Atlético de Madrid sólo dispuso la ocasión del gol, un disparo de Aguero muy desviado en la primera parte y la jugada ya comentada que sacó "in extremis" Justo Villar en el único despiste defensivo vallisoletano, que estuvo a punto de costarle dos puntos. En esa jugada le sonrió la suerte, pero una suerte que había buscado el Real Valladolid a lo largo y ancho de todo el partido, en el que luchó y jugó para ganar descaradamente, sin concesiones en defensa, extraordinario en los medios centros con Álvaro Rubio y Borja incansables y vertical en la media punta y ataque, aunque ninguno de los cuatro atacantes tuviera su mejor día en la finalización de las jugadas, lo que salvó al Atlético de Madrid de encajar una goleada.
Fotografía (marca.com): Pese a lo que pueda indicar la imagen, Justo Villar no sufrió en el Vicente Calderón y estuvo muy acertado cuando tuvo que intervenir; el gol en propia puerta fue inevitable.
El único "pero" que esta tarde se le puede poner al Real Valladolid es que desaprovechara un montó de ocasiones en el Calderón y tuviera que sufrir para marcar dos goles, uno a balón parado y otro de penalti. En la primera parte, al margen de la ocasión de Canobbio que debió ser penalti y expulsión de Pablo, tanto Sesma, en dos ocasiones (a pases medidos de Pedro López y Borja), como Goitom, también tras una preciosa jugada de Pedro López, remataron fuera completamente solos ante Leo Franco. En la segunda parte el juego, igual de brillante por momentos, se saldó con los dos goles, un remate endiablado de Víctor rozando el palo y otro de Sesma a bote pronto al borde del área pequeña a centro de Pedro León.
Al margen de los goles, las llegadas al área rojiblanca fueron incontables fruto del ansia por ganar de los vallisoletanos, que, en definitiva, hicieron un partido memorable que brindaron al medio millar de aficionados que tuvieron que pasar una pequeña odisea para llegar hasta el Calderón. Ni la nieve les detuvo a ellos, ni el agua sobre el césped del Manzanares frenó al Real Valladolid.
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Fotografía de portada (Efe): Borja, que cuajó un partido sensacional, roba el balón a un apagado Kun Aguero.
Fotografía superior (marca.com): El césped del Calderón se convirtió en algunas zonas en una auténtica balsa de agua en la que jugadores como Pedro López, mermado físicamente, tuvieron que dejarse la vida para aguantar en pie.