Práctico, efectivo, sobrio, serio. Sin fuegos artificiales, pero maduro para ganar a un gran equipo como el Villarreal por 2-0. Y no sólo ganar, sino ganar con claridad, sin sufrir, con la situación bajo control en todo momento.
El Real Valladolid cuajó esta tarde en Zorrilla uno de sus mejores partidos en esta Liga. Con Sergio Asenjo bajo los palos, el ambiente en la grada ayudó de salida. El público aplaudió la valiente decisión del míster de poner en la portería a un chaval de 18 años. Desde aquellos debuts prematuros de Casillas, Reina o Víctor Valdés no se recordaba otro caso similar en el fútbol español. Un chico de 18 años para frenar al segundo clasificado de Liga. Una osadía, pero Mendilibar sabía que quizá sacar a Butelle no iba a beneficiar al equipo, no porque dude o no de sus cualidades como portero, que sin duda las tiene, sino porque la grada también juega y se sabía por quién había tomado partido.
El ambiente ayudó; quizá el Villarreal, al no estar a su nivel, también, pero el gran mérito estuvo en el juego compacto, agresivo e inteligente del bloque blanquivioleta. El Villarreal se vio desbordado por su rival. Cuando quiso jugar, se encontró ahogado por la presión vallisoletana; cuando le tocó defender se encontró incómodo ante unos ataques machacones.
El gol de Llorente fue balsámico. En el minuto 18 Sisi centró de maravilla y el de Hondarribia agujereó la red con su testarazo. Inapelable. El gol dio mucha confianza al Real Valladolid, sobre todo al ver que en las jugadas siguientes no le empataban. Algo estaba cambiando. Ya estaba bien de jugar como nunca y acabar perdiendo o empatando al final. Había que aprender a ganar.
El Real Valladolid jugó con una madurez impropia de un recién ascendido. Los papeles estaban invertidos. Era el equipo local el que manejaba la situación y el Villarreal, cuajado de grandes y expertos jugadores, no sabía cómo dar un giro al encuentro. Tanto no sabía que Sergio Asenjo era un espectador. Y cuando le tocó actuar, acertó. Nihat le encaró y el palentino salió a cubrir puerta como una fiera; el tiro rebotó en el arquero y la parada se celebró en Zorrilla como un gol vallisoletano.
En la segunda mitad el Villarreal se desperezó y sí puso en algún aprieto a la defensa. A Guille Franco y Pires les falló el punto de mira por centímetros, pero el golpe mortal lo asestó el Valladolid en el minuto 57: Sesma centró al corazón del área, Llorente dejó pasar el balón entre las piernas y por detrás llegó Víctor, que no perdonó a su ex equipo. El 2-0 fue la sentencia porque el Real Valladolid redobló la presión, Mendilibar sacó a Borja por Sisi y a Estoyanoff por Víctor para ayudar en el trabajo y el Villarreal, aunque quiso, ya sólo pudo ser testigo de cómo el tiempo se le iba entre las manos.
El Real Valladolid había aprendido a ganar.
Fotografías (Gonzalo Martín): En portada, Llorente celebra el primer gol del partido; en el interior, Sisi se escapa por velocidad de Capdevila y Senna.