El Real Valladolid cosechó su segunda victoria en la Liga a costa de un Almería que no tuvo su día. Ganó por 2-0, pero el triunfo fue trabajado, sufrido hasta el final, ya que el equipo blanquivioleta estuvo pidiendo la hora durante su recta final, desde que Álvaro Rubio fue expulsado por doble amarilla en el 86 hasta que Haris Medunjanin cerró el partido en el minuto 94 tras un robo de Vivar Dorado a un Almería desordenado en busca del empate que culminó el holandés con una definición perfecta ante la salida de Diego Alves.
El partido fue muy táctico, con un ritmo lento y trabado, pero, dentro de esos parámetros, el Real Valladolid tuvo más control del juego y más empuje hacia la portería contraria. Ganó, por lo tanto, el que más trabajó para ello.
Dicho esto, hay que dejar claro que el Almería, pese a su fútbol gris y plomizo, pudo perfectamente arrancar algo positivo de Zorrilla, porque con el 1-0 le fue anotado un gol legal a Natalio por un inexistente fuera de juego y el mismo jugador, que salió en sustitución de la figura andaluza, Negredo, se fabricó una clara ocasión de gol que abortó Asenjo con una brillante parada.
El fútbol de esta tarde en Zorrilla no tuvo espacio a la imaginación. Los ataques fueron espesos y previsibles. Ante ello, la destrucción se impuso. Tan solo alguna arrancada de Sesma por la izquierda y de Pedro López por la derecha, donde Escudero se encontró perdido, crearon incertidumbre a la zaga almeriense. La ocasión más clara estuvo en la diestra de Ogbeche, que remató fuera un centro perfecto de Sesma.
En la segunda mitad, con el paso de los minutos el Real Valladolid buscó con más ahinco la victoria y el Almería el empate. El Pucela trabajó el primer gol, aunque éste llegó en una acción aislada. Álvaro Rubio botó una falta directa desde 35 metros, lateral, desde la izquierda, y el centro no tocó en ningún jugador, pero también buscó puerta y botó en el momento justo para que Diego Alves no pudiera reaccionar. El balón entró pegado al palo y el 1-0 subió en el marcador en el minuto 65.
Con el 1-0 el Almería salió de su letargo, pero el árbitro primero -más bien el juez de línea que equivocó con el banderín a su jefe- y Sergio Asenjo después le cortaron las alas. Cuando el partido ya se había dormido totalmente, González Vázquez lo despertó con la expulsión de Álvaro Rubio, por doble tarjeta amarilla. Sonaron tambores de guerra en el Almería, pero el Real Valladolid tuvo la cabeza fría para aguantar el chaparrón y para dar la puntilla al por entonces ya desordenado equipo de Gonzalo Arconada. Haris, que había salido por Escudero justo antes de que Álvaro Rubio marcara el 1-0, dio la puntilla al partido.
Fotografías (Gonzalo Martín). En Portada: Víctor, Vivar y Sesma acuden a felicitar a Haris tras su gol, segundo del partido. Arriba: Ogbeche tuvo la oportunidad de titular y se fajó contra la defensa andaluza.