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2-1: El Real Valladolid resucita en un acto de fe

El equipo blanquivioleta creyó en sí mismo y remontó en una segunda parte mágica el gol inicial del Real Zaragoza

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El fútbol es grande porque en un suspiro se puede pasar del infierno al cielo (o al contrario). Y si no, que se pregunten al historiador del Manchester United. O a los miles de aficionados que esta tarde se dieron cita en el estadio Zorrilla en la fría tarde vallisoletana. Al descanso el Real Valladolid perdía por 0-1 ante un rival directo y el Recreativo ganaba al Athletic. Una combinación tenebrosa que dejaba al Pucela malparado.

Pero el cambio empezó a las 18 horas. 45 minutos más tarde todo había dado un giro mágico: el Real Valladolid daba la vuelta al marcador y Aduriz quitaba dos puntos al Recreativo. Final apoteósico.

El Real Valladolid ganó esta tarde porque creyó en sí mismo. Creyó siempre, aunque en la primera parte el resultado no reflejara el desarrollo del juego. Y sobre todo creyó en la segunda mitad, cuando sacó más casta todavía para revertir una situación que le empujaba a arrugarse.

Desde la lectura del juego, el Real Valladolid ganó con total y absoluta justicia. Fue mejor equipo que el Zaragoza. Jugó con velocidad, intensidad, verticalidad y valentía, sin caer en el desorden por el ataque alocado. El Real Zaragoza estuvo bien colocado y serio, pero jugó encogido, timorato, más pendiente de no perder que de ganar, asustado por una situación que le desborda.

Dominio local
La pelota fue siempre propiedad de los jugadores vallisoletanos. La diferencia entre la primera parte y la segunda estuvo en la suerte suprema, en el gol. Hasta el descanso, el Real Valladolid contabilizó innumerables llegadas al área rival, sobre todo a base de centros desde las bandas que la zaga maña achicó con contundencia, dando la sensación de que al Pucela le iba a faltar pegada para rematar la faena. No fueron ocasiones claras, salvo dos llegadas de Llorente, ya con el 0-1, que se quedaron en nada, la primera por la entrada de Diogo ante la escapada del de Hondarribia y la segunda porque el remate bombeado se fue por encima del larguero. Pero es que el Zaragoza apenas cruzó el centro del campo, sólo chutó una vez a puerta y marcó por medio de Zapater, tras una dejada de cabeza perfecta de Diego Milito.

El resultado era injusto al descanso y podía provocar el desaliento de los vallisoletanos, que a pesar de estar cuajando un buen partido se iban a su esquina con la cara marcada. Pero nada de eso. Al contrario, el Real Valladolid se agarró  a la fe en si mismo como talba de salvación. No vio lo malo (el marcador), sino lo bueno (el juego). Y estaba claro que lo normal era que, si todo seguía por los mismos parámetros, el Real Zaragoza acabaría hincando la rodilla, como así sucedió.

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Fotografía (Efe): Sesma mantuvo un duelo de poder a poder con Diogo.

En cualquier caso, para dar la vuelta a un resultado adverso, además de jugar bien, también es necesaria una dosis de fortuna porque sino podía suceder lo que en tantos y tantos partidos le ha sucedido al Real Valladolid en esta temporada, en una primera parte que ya está en el baúl de los sueños.

Remontada en dos actos
El Real Valladolid de la segunda parte fue el de la primera vuelta; el de la ilusión, el de la garra, el de la fe inquebrantable en sí mismo. La remontada comenzó en el minuto 51. Paredes entró a destiempo a Llorente y el árbitro apreció la pena máxima. Cuando Víctor se fue a por el balón se cortaba la tensión. Segundos antes César había realizado un paradón antológico que metió a Zorrilla en el túnel del tiempo y devolvió a la grada a los 90. Víctor ante César. El mejor lanzador de penaltis ante un felino. Ganó el delantero: amagó, el arquero se vence y disparo al palo contrario. El truco de siempre, pero ni César es capaz de abstraerse a la hipnosis que provoca Víctor cuando arranca a cámara lenta hacia el balón.

El 1-1 provocó una sobredosis de moral en las filas blanquivioleta. El Real Valladolid siguió empujando y empujando. El Pucela se agrandaba y el Real Zaragoza se empequeñecía adivinando la que se le venía encima. En el minuto 75 llegó el golpe mortal: centro de Sesma y Llorente, en boca de gol, acertó a empujar el cuero.

Pero no había acabado todo. Ni cuando el cuarto árbitro sacó la tablilla de 5 minutos hubo tregua. El descuento desmesurado dio para que el colegiado anulara al Zaragoza un tanto legal en una jugada similar a la del gol maño que sí subió al marcador (dejada de Oliveira de cabeza y Sergio García, solo, remachó ante Sergio Asenjo), para que expulsara a un desquiciado Juanfran por una patada sin venir a cuento a Capdevila y para que Sesma, en una ocasión que no volverá a tener en su vida, se plantara ante César, se le hiciera de noche y centrara en vez de rematar.

Al final, 2-1. Una victoria importante, pero en absoluto trascendental. Ahora, la gran final está el domingo en Valencia. Conseguidos estos tres puntos, una victoria ante el Levante sí sería sellar el 80% de la permanencia blanquivioleta.

Fotografías: en portada, los jugadores del Real Valladolid celebran el gol de la victoria (César Minguela); arriba, Paredes zancadillea Llorente en la jugada del penalti, que supuso el primer tanto blanquivioleta.