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2-2: Una reacción que vale un punto

Manucho, de cabeza, y Ebert, de falta directa, empataron en tres minutos de un sprint final que no pudo aguantar el Sevilla

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Desde 1996 no gana el Sevilla en Zorrilla y tendrá que esperar un año más para hacerlo porque este domingo tampoco pudo hacerlo a pesar de tener un 0-2 en el marcador a diez minutos del final. Después de estar en el paredón durante 80 minutos -Bacca marcó el 0-1 a los 70 segundos de juego-, el Real Valladolid se reveló en un sprint final loco y Manucho, de un majestuoso testarazo a centro de Peña (1-2, min. 81), y Ebert, de falta directa en una ejecución magistral (2-2, min. 84), pusieron el empate final en el marcador. 

El partido estuvo totalmente condicionado por el gol de Carlos Bacca en el arranque del partido. Sin que muchos espectadores hubieran ocupado todavía su localidad, el colombiano se sacó de la manga un derechazo implacable que doblegó a Mariño.

Con el 0-1, el Sevilla, que no gana fuera de casa desde septiembre de 2012, vio la luz. Y cuando el nuevo internacional Alberto Moreno cazó el rechace de un córner y enganchó un zurdazo imparable desde la frontal del área para poner el 0-2, se le hizo de día.

Juan Ignacio Martínez dio un giro de timón al partido en la caseta. Tras arrancar con el mismo equipo de salida con el que saltó al Camp Nou, dejó a Bergdich en el vestuario y puso en juego a Manucho.

El Sevilla dio un paso atrás y se colocó en \"modo contra\". El Pucela empujó con más fuerza y velocidad y aunque no consiguió poner nunca en serios apuros a Beto, al menos dio la sensación de poder meterse en el partido si atinaba a marcar. Y el Sevilla, a la contra, perdonó. Salió varias veces con mucho peligro, pero no consiguió matar el partido en ninguna de esas llegadas.

Esa vida que le dio el conjunto hispalense le sirvió al Real Valladolid para empatar. Manucho prendió la mecha y Ebert, en un segundo de inspiración para clavar una falta, tumbaron al Sevilla, que justo antes había fallado un gol cantado para poner el 1-3 en los pies de Gameiro. El Sevilla perdonó; el Pucela, no.

Fotografía (Ángel Becerra): Ebert busca el disparo ante la mirada de Manucho.