El Real Valladolid cosechó en la tarde de este sábado ante el Mallorca una victoria importantísima por 3-1, que le permite poner un broche de oro a una sobresaliente primera vuelta en la Liga BBVA. Cuando el partido parecía caminar inexorablemente hacia el empate (resultado con el que finalizó la primera parte tras el tanto inicial de Ebert en el arranque y de Víctor Casadesús antes del descanso), Óscar, en el minuto 87, al rematar un centro de Ebert, y el propio extremo alemán en el descuento, en un contraataque mágico, dieron tres puntos vitales al equipo blanquivioleta.
Este triunfo corta una racha negativa del Real Valladolid de cuatro partidos sin vencer, tras las visitas del Real Madrid y el F.C. Barcelona, y las salidas a Galicia, saldadas con el empate en La Coruña y la derrota en Vigo. Los tres puntos no solo sostienen al equipo en su posición de privilegio, en el medio de la tabla, sino que deben ampliar la ventaja sobre la zona de descenso y, por ende, actuarán como bálsamo tranquilizante y repelente de la temida crisis en un momento muy importante de la competición, ante la visita del Real Zaragoza el próximo domingo, a las 17 horas, y la posterior visita al Levante.
En cuanto al partido en sí, fue el típico encuentro en el que pudo ganar cualquiera de los dos equipos y en el que quizá lo más justo hubiera sido un empate. Pero, una vez más, hablar de justicia en el fútbol, es una pérdida de tiempo. En esta ocasión, el Real Valladolid tuvo esa pizca de fortuna que se necesita en el fútbol y que marca la delgada línea entre la paz y la zozobra. Esa pizca de fortuna que no tuvo en otros partidos. Hoy ganas y merecías perder; mañana pierdes y merecías ganar; hoy podías ganar o perder y empatas; pasado... Eso también es fútbol.
En cualquier caso, sin jugar a un gran nivel, ni mejor ni peor que el Mallorca, el Real Valladolid sí tuvo más fe en la victoria en la recta final y su empuje tuvo recompensa. Dicho de otra manera: ganó el que más quiso ganar. Ganó por fe y por la inspiración de dos futbolistas en dos jugadas mágicas, que dieron origen el 2-1 y al 3-1: Ebert y Óscar. El alemán puso un balón de oro a Óscar, que se dejó la vida en una estirada con el pie para empujar el segundo tanto, y el propio Ebert se recreó en el tanto que dio la puntilla al equipo de Joaquín Caparrós, que vio como el propio Ebert hacía el 1-0 en el arranque del partido y que con el paso de los minutos fue a más, hasta empatar antes del descanso y poner el corazón en un puño a la grada de Zorrilla en más de una ocasión.
Incluso con el 2-1 el Mallorca pudo empatar en su ataque final a la desesperada, pero el colegiado anuló -bien anulado- un gol de Nsue en el minuto 91. Después de esa jugada llegaría el tercer gol del Pucela -segundo de Ebert en su cuenta particular, además de la asistencia en el tanto de Óscar- que daba la puntilla al Mallorca.
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Fotografía (Ángel Becerra - @anxobecerra): Ebert celebra su primer gol en el partido. Detrás, Larsson, que actuó como delantero centro en su primer partido oficial en el Estadio José Zorrilla.
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