Ni un Aspas en estado de gracia, ni un árbitro desafortunado, ni el peor VAR de la historia del fútbol pudieron con el Real Valladolid en Vigo. Pese a ir perdiendo por 2-0 en el minuto 9; pese a ir perdiendo por 3-1 en la segunda parte cuando mejor estaba jugando; pese a verse perjudicado gravemente por el arbitraje una y otra vez, el Real Valladolid no tiró la toalla, siguiendo jugando con fe en busca del empate y encontró el premio al esfuerzo y la personalidad sobre la bocina de Balaídos para sumar un auténtico puntazo.
El partido fue una lucha contra Aspas y el arbitraje porque el Celta, que vivió del Mago de Moaña, uno de los mejores delanteros del mundo, fue peor que el Real Valladolid. En el minuto 5, Aspas aprovechó un buen balón al hueco en el área pequeña para fusilar a Masip. Cuatro minutos después, Maxi Gómez bajó con la ayuda del brazo un balón centrado y volvió a descerrajar el segundo disparo al portero blanquivioleta, que veía como en 9 minutos encajaba los mismos tantos que en los cuatro partidos anteriores.
En el segundo gol, el VAR decidió que no había infracción de Maxi Gómez en el tanto. Ni siquiera pidió al colegiado que viera la repetición de la jugada.
Con 2-0 en un abrir y cerrar de ojos, un Celta crecido y un Real Valladolid que parecía ver como se desplomaba su solidez defensiva de los primeros partidos de Liga, pintaba mal en Balaídos.
Pero poco a poco el Real Valladolid fue creciendo. Su personalidad le hizo agarrarse al partido, parar el chaparrón e ir estirándose para dominar a un Celta que dio la impresión de verse ganador con la ley del mínimo esfuerzo, por lo que optó por “dejar hacer” al Pucela, que aceptó el reto y empezó a crear peligro.
Por ejemplo, en el minuto 23 hubo un penalti de libro de Okay a Kiko Olivas, que agarró descaradamente al central blanquivioleta y despejó de cabeza un centro al área. Un penalti que pareció claro en el campo y que no admite discusión alguna con la televisión. El Var pasó olímpicamente de la jugada ante el berrinche de los vallisoletanos, que tuvieron mucho mérito de no acabar desquiciados y con tres jugadores amonestados por protestar tan tremenda injusticia.
El Pucela siguió a lo suyo y avisó a la integridad del arquero celeste en el minuto 36, cuando Rubén Alcaraz, tras un robo de Keko, envió el balón a la cepa del poste.
Tres minutos después, Óscar Plano marcó el primer gol del Real Valladolid en LaLiga Santander y puso el 2-1. Nacho brindó un centro perfecto al corazón del área, donde Óscar Plano ejecutó un cabezazo inapelable, picado y justo a la base del poste, para evitar la estirada felina de un gran portero como Sergio.
Gran segunda parte
La segunda mitad transcurrió por los mismos derroteros. Quizá para el espectador del Celta el partido era decepcionante, pero para el blanquivioleta empezaba a tener buen color. Porque sin pases brillantes, sin jugadas talentosas, sin acciones maravillosas, el partido era entretenido y daba la sensación de que podía caer de cualquier lado, bien porque el Real Valladolid acertara a traducir su insistencia en más goles, bien porque el Celta, en una contra que no llegaba, aumentara su ventaja y cerrara el encuentro.
Y el Celta aumentó su ventaja, pero ni por esas cerró el encuentro. No lo cerró, porque el Real Valladolid nunca lo dio por cerrado. En el minuto 54 un Iago Aspas en estado de gracia controló con maestría un balón en la frontal y lo puso lejos del alcance de Masip. Todo un golazo para colocar el 3-1.
Para ponérselo aún más difícil al Pucela, el árbitro perdonó la expulsión al lateral izquierdo Juncá en el minuto 56. El defensor celeste tenía amarilla e hizo una falta de cartulina sin ninguna discusión. Prieto Iglesias se desentendió la jugada y lo zanjó con una simple falta. Cómo lo vería el entrenador del Celta que reaccionó cambiando a Juncá.
Unal, que había entrado por Borja en el minuto 56 (cuatro minutos antes Toni había relevado a Keko), certificó el 3-2 al rematar a bocajarro otro centro perfecto de Nacho. En esta ocasión, el madrileño puso un balón raso entre la zaga y el portero y el delantero turco, relegado al banquillo por Duje Cop en Balaídos, batió a quemarropa a Sergio.
Cop también tuvo su oportunidad de marcar. Se plantó ante Sergio en el minuto 70, pero no pudo ajustar bien en el “mano a mano” y el portero gallego, un especialista en este tipo de acciones, le ganó la partida.
El Celta, con el miedo ya en el cuerpo, dio un paso al frente para evitar que el barco se le fuera a pique. Brais Méndez, con una escapada mal definida que cortó un inconmensurable Óscar Plano, y un envío venenoso desde la frontal que buscaba la escuadra cuando Masip voló para atajarlo, pudo remediar lo irremediable: que el Pucela, en el arreón final, empatara.
Míchel en el minuto 85 disparó al larguero y Leo Suárez, que acababa de entrar en el campo en el 92, consiguió el empate final (3-3) tras la enésima llegada del Pucela por la banda izquierda, con un envío de Nacho en profundidad para que Óscar Plano ganara la línea de fondo y viera la llegada en el segundo del argentino, que marcó a puerta vacía.
Un punto épico en un partido épico del Pucela.