Hay partidos que se quedan grabados a fuego. Para siempre. No hay ningún aficionado del Real Valladolid que no sea capaz de recordar aquel 16 de junio de 2012 en el que los blanquivioleta sellaron ante el Alcorcón su regreso a Primera. Y todos ellos aderezaran su relato, casi épico, con adjetivos relacionados con la angustia, los nervios, el miedo y, finalmente, el alivio eufórico.
Este domingo regresa a Zorrilla el conjunto madrileño por primera vez desde la final por el ascenso y merece la pena echar la vista atrás y rememorar el larguísimo partido que permitió a los de Djukic conseguir el ansiado ascenso después de 46 encuentros. El Pucela se había batido el cobre durante toda la Liga ante Deportivo y Celta en una lucha muy igualada y emocionante, aunque finalmente tuvo que conformarse con la tercera posición en la tabla después de “tropezar” (2-2) a domicilio precisamente ante el Alcorcón.
El primer emparejamiento del playoff le midió al Córdoba de Paco Jémez y los blanquivioleta firmaron un empate sin goles en el Arcángel y superaron a los verdiblancos en la segunda parte del partido de vuelta (3-0) con tantos de Guerra, Óscar y Jofre. El Alcorcón eliminó al Hércules en la otra eliminatoria y, por tanto, se convirtió en el último obstáculo antes de alcanzar una meta por la que se había peleado en circunstancias muy difíciles durante toda la temporada.
El 0-1 de la ida, con gol de Javi Guerra a pase de Nauzet, puso todo de cara. Zorrilla se preparó para vivir una fiesta inolvidable, el Estadio lleno a rebosar y la provincia volcada con el equipo. Djukic alineó a Dani Hernández; Balenziaga, Rueda, Valiente, Peña; Nauzet, Nafti (Rubio, min. 59, Baraja, min. 83), Víctor Pérez, Sisi (Jofre, min. 88); Óscar y Javi Guerra. Todos los jugadores de la plantilla demostraron un compromiso a prueba de bombas y el agradecimiento será eterno. Incluso, muchos de ellos jugaron la gran final muy tocados y se jugaron el físico para poner un final feliz.
El gol de Sales al borde del descanso fue un golpe terrible. Todo se tambaleaba. Aficionados, jugadores, empleados. Todos con el miedo en el cuerpo, por qué negarlo. La tensión era máxima. El gol, cómo no, de Javi Guerra puso las cosas nuevamente de cara, pero por delante aún restaban 38 minutos más el descuento. Un tanto del Alcorcón quebraba el sueño. Fueron unos minutos interminables, con la angustia apoderada de la grada ¿Quién no lo recuerda? Los de Anquela no tuvieron en realidad ocasiones claras, pero cada balón colgado al área de Dani era un martirio. Un suplicio. Zorrilla estaba al borde de un ataque de nervios.
Hernández Hernández pitó el final y la euforia se desató. El Pucela regresaba a Primera División tras un largo y sufrido camino. El Alcorcón vuelve este domingo al coliseo blanquivioleta más de dos años y medio después y todos los aficionados blanquivioleta recordarán aquel 16 de junio de 2012 que ya forma parte de la historia del Club.