Jesús Rueda es un experto en superar obstáculos. Desde que con quince años dejó la casa familiar en Corte de Peleas para vivir en la Residencia de Jóvenes Jugadores y pelear por un sueño que ahora vive en primera persona, el extremeño se ha especializado en ver una oportunidad en cada revés. Por ese motivo no se arruga por el descenso. Sabe que es momento de apretar los dientes, de empezar de cero y de trabajar muy duro para devolver al Pucela donde se merece.
El penúltimo obstáculo lo vivió en Mondariz hace tres veranos, cuando vino a hacer la pretemporada de la mano de Djukic con pocas posibilidades de permanecer en la plantilla. “Sabía que lo tenía difícil, el míster lo dejó claro, pero también sabía que tenía que esforzarme si cabe aún más que mis compañeros”. Jesús salió de Mondariz reforzado y fue indiscutible en el centro de la defensa a lo largo de la temporada. Otra vez un problema se convirtió en una opción positiva. Ahora no teme la competencia, porque sabe que es buena para el equipo.
“La verdad es que estamos muy contentos con cómo se está diseñando la plantilla, aunque aún faltan un par de retoques. Creo que están viniendo jugadores que conocen la categoría y que lo han hecho bien de donde vienen, así que el Club está trabajando bien”, explica.
Atrás quedan los años en los que él era el canterano que hacía la pretemporada. Ahora es quien da consejos y quien transmite lo que significa ser del Real Valladolid y representar esa preciosa camiseta allá por donde va. “Me acuerdo de cuando yo empezaba, en todo este tiempo he cambiado mucho. He aprendido y he adquirido experiencia, espero seguir así por muchos años”.