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El chaval más feliz del mundo

Carlos Lázaro, a los 19 añitos, cumple el sueño de debutar en Primera División con su Real Valladolid

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La sonrisa de Carlos es enorme. Eterna. No en vano ha cumplido el sueño de debutar en Primera División con su Real Valladolid. Y lo hizo bien. Muy bien. No con el resultado ideal pero sí con una destacable actuación propia. Nacido en Medina del Campo aunque de Olmedo -allí se ha criado-, en El Sardinero tradujo muchos años de trabajo en un gran premio.

Comenzó con el fútbol sala cuando apenas era más grande que el balón y, ya en alevines, fichó por el Íscar Industrial. Fue Félix Toral, técnico de categorías inferiores, el que le trajo al Pucela para debutar en el Infantil B. Hace ocho años. Desde entonces, Carlitos no ha dejado de crecer. Con 17 primaveras dio el salto al Promesas y recibió la llamada de las selecciones nacionales sub18 y sub 19. También realizó, en Mierlo, su primera pretemporada con los mayores, algo que repetiría el pasado verano en Inglaterra.

Mendilibar le tenía reservada la mayor alegría de su vida y no defraudó a nadie. Ni al míster ni a los cientos de vecinos que se congregaron delante del televisor en los bares de Olmedo y brindaron alegres por su debut. Su padre, convaleciente tras una operación quirúrgica, también tuvo que verlo por la tele, pero el resto de su familia se trasladó a Santander para darle todo el ánimo del mundo.

La primera alegría llegó el sábado, cuando entró por primera vez en una lista de convocados del primer equipo para un partido oficial. Pensaba que iba a tener que desplazarse a Burgos con el Promesas, pero Mendilibar le tenía reservada una tarea más importante "¿Vas convocado?", le preguntaba un compañero del B en la puerta del vestuario del Promesas. "Sí, pero para el primer equipo". Una sonrisa se dibujaba en la cara de Carlos, de sus compañeros y de todas y cada una de las personas que han aportado un granito de arena en su formación. Desde sus entrenadores hasta las cocineras de la Residencia de Jóvenes Jugadores, donde vivió durante varios años para formarse como persona, no sólo como futbolista.

La noche antes del partido le costó conciliar el sueño. No era para menos. Tenía ante sí la oportunidad de hacer realidad sus fantasías. La única consigna que le repetían los que estaban a su alrededor es que estuviera tranquilo, que afrontara el choque como si fuera un partido más. Al principio le costó, pero poco a poco se hizo grande en el centro del campo. Sabe que mucho más difícil que llegar es mantenerse y que tendrá que redoblar esfuerzos para lograrlo. Y, mientras, la sonrisa que dibuja le delata como el chaval más feliz del mundo.

Fotografías: En portada, Carlos Lázaro posa este lunes con su amplia sonrisa en el Estadio José Zorrilla; arriba, pugna con Diop durante el encuentro ante el Racing, en el que debutó en Primera División.