El tropiezo en Riazor evitó poder hablar de un enero de ensueño, aunque no debe ensombrecer el magnífico rendimiento del Real Valladolid en este 2008 recién estrenado. Si, cuando los jugadores se entrenaban el 1 de enero por la mañana con las uvas casi sin digerir, alguien les hubiera puesto delante un papel en el que les ofrecían nueve puntos de doce posibles habrían firmado de cabeza. No es para menos. El Pucela se hallaba por aquel entonces en la decimoséptima posición, empatado a puntos con el Betis, que estaba en descenso. Ahora los de Mendilibar son novenos con cinco puntos respecto a la zona peligrosa de la clasificación. La clasificación parcial durante el mes de enero es elocuente: los blanquivioleta estarían cuartos -en posición que daría derecho a disputar la previa de la Champions League- a tres puntos del Real Madrid y a uno de Barcelona y Almería.
El Pucela inició su andadura liguera en 2008 en Getafe, el Día de Reyes. Melchor, Gaspar y Baltasar optaron por premiar el inolvidable año pasado blanquivioleta y el Real Valladolid se destapó con una exhibición ante los de Michael Laudrup (0-3). Fue un auténtico partidazo, con solvencia defensiva y eficacia anotadora. Los golazos de Vivar Dorado (2) y Álvaro Rubio pusieron la guinda a un encuentro que supuso un punto de inflexión en la trayectoria de un equipo que en los choques finales de 2007 había recuperado la solvencia defensiva pero le costaba encontrar puerta.
La semana siguiente llegó el turno de recibir al Recreativo, un rival directo que sufrió en sus carnes la viveza y la explosión de Llorente. El de Hondarribia logró su primer triplete como profesional y provocó el éxtasis en Zorrilla, un éxtasis que se prolongó hasta el choque ante el Espanyol. En la memoria de todos aún está, y perdurará durante mucho tiempo, la espectacular jugada ideada por Víctor y rematada por Llorente para lograr el gol más rápido de la historia. Zorrilla se vino abajo, más aún cuando el Pucela se hizo con los tres puntos ante el equipo revelación de Primera para encaramarse a la séptima plaza, una situación que no se vivía a orillas del Pisuerga desde la temporada 1996/97.
El tropiezo ante el Deportivo de la Coruña supone un pequeño paso atrás, pero debe servir para tomar impulso ante los dos difíciles compromisos que se atisban en el horizonte: Valencia y Real Madrid. Los coruñeses fueron mejores que los blanquivioleta, que a pesar del tropiezo mantienen la renta de cinco puntos respecto a la zona de descenso y, lo que es más importante, la tranquilidad y la confianza en sus posibilidades.
Copa del Rey
La magnífica trayectoria liguera durante enero cobra más valor si se tiene en cuenta que el equipo también ha participado, y lo ha hecho a un buen nivel, en la Copa del Rey. Mendilibar, fiel a sus ideas, optó por dar oportunidad a los menos habituales. Una filosofía que ya adoptó la temporada pasada y que le dio grandes resultados, puesto que de este modo todos los jugadores se sienten importantes y acumulan minutos de competición que les pueden abrir las puertas del equipo en la competición liguera.

Fotografía (Gonzalo Martín): Llorente cae en el área derribado por Pablo en los instantes finales del partido copero de vuelta ante el Atlético de Madrid.
El Real Valladolid estrenó el año con una victoria a domicilio ante el Real Murcia que sirvió para lograr la clasificación para octavos de final. Los goles de Estoyanoff, Ogbeche y Diego Camacho castigaron a un conjunto pimentonero que, aunque dominó el partido, no fue capaz de superar a los de Mendilibar. El bombo emparejó al Pucela con un Atlético de Madrid obligado a llegar lejos en la competición y con un equipazo hecho a golpe de talonario.
En el Calderón se empató a cero tras una parte inicial del encuentro de claro control colchonero y una muy buena segunda parte de los blanquivioleta. Todo se iba a decidir en Zorrilla, donde Mendilibar volvió a apostar por los menos habituales en Liga frente a un Atleti en el que figuraban todas sus estrellas. No se fiaba Aguirre del Real Valladolid y bien que hizo, puesto que sus jugadores tuvieron que sudar de lo lindo para conseguir la clasificación para cuartos. El enrachado Llorente neutralizó la ventaja adquirida por Agüero ya en la segunda parte y los últimos minutos del partido fueron un asedio blanquivioleta del que los colchoneros salieron indemnes, aunque con el susto en el cuerpo.
Lo mejor de todo es que, como se demostró en aquel encuentro ante el Atlético de Madrid y se ha hecho de igual modo a lo largo de la temporada, el aficionado se siente orgulloso de su equipo después de cada encuentro. Se gane o se pierda.
Fotografías (Gonzalo Martín): en portada, los jugadores celebran el gol más rápido de la historia de la Liga, logrado ante el Espanyol; arriba, Llorente dedica a su mujer el tercero de sus tantos ante el Recreativo de Huelva.