El Gimàstic de Tarragona ha pasado de ser la revelación de la temporada 2015/2016 a estar peleando por la permanencia en la presente campaña. Pero en esta transformación también hay otra metamorfosis, porque si su primera vuelta de la actual liga fue muy floja, la segunda, coincidiendo con la llegada de Merino al banquillo en sustitución de Vicente Moreno, está siendo sobresaliente, y hasta el pasado fin de semana, en el que cayó sorprendentemente por 1-3 ante el Elche, sólo el Levante había sido capaz de derrotarle (2-1).
Ahora, el Nástic ocupa la décima octava plaza en la tabla, con un punto más sobre el Rayo, que marca la zona de descenso.
Sin duda, el bajón en el rendimiento en el Nástic con respecto a la temporada pasada tiene nombres concretos: Naranjo y Emaná, dos de los mejores jugadores de la pasada Liga. El primero fue traspasado al Celta y el segundo recaló en Japón.
La vuelta de Emaná en el mercado invernal, el impulso de Merino desde el banquillo, más los refuerzos del blanquivioleta Luismi (“duda” para jugar en Zorrilla porque sale de una rotura fibrilar), Barreiro y Bruno Perone, han insuflado un nuevo aire al Nástic.
Después de un proceso de conocimiento de la plantilla y probar diferentes dibujos tácticos, Merino ha apostado por dar continuidad a la formación 1-5-3-2, con variaciones sobre todo en los jugadores utilizados en la posición de centrales y carrileros. Esas modificaciones tendrán que continuar el sábado en Zorrilla porque esta semana pierde por lesión a Cordero y, por el “virus Fifa”, a Djetei y Dimitrevski. Y eso que han conseguido retener al gabonés Lévy Madinda.
A nivel defensivo el Nástic apuesta por una defensa en bloque medio con la citada formación 1-5-3-2, que de forma dinámica y muy esporádica se puede convertir en formación 1-4-3-3 al adelantarse uno de los interiores y uno de los jugadores de banda para poder presionar al rival en inicio de juego. Cuando se sitúan en bloque medio la primera línea de presión se limita a orientar el inicio de juego rival por fuera sin excesiva intensidad aunque con cierta implicación defensiva por parte de los 2 puntas (habitualmente el chileno Juan Delgado y el camerunés Achille Emana).
A nivel ofensivo, el Nástic está optando por minimizar riesgos en el inicio de juego y para ello, salvo que el rival lo permita, opta por trasladar el juego a campo contrario con juego directo y jugar a partir de la segunda acción.
La creación del juego recae en los interiores y en Emaná, que partiendo desde la posición de segundo delantero tiene absoluta libertad de movimientos para buscar la progresión a través de juego corto por dentro y dejar las bandas como alternativas para sorprender.
Emaná es un futbolista extraordinario, que a punto de cumplir los 35 años, puede que no tenga, evidentemente, su mejor nivel físico, atesora con una sabiduría futbolística descomunal que le hace entender el juego a la perfección y lleva peligro al rival donde más sufre.
A pelota parada, Tejera es el especialista tarraconense, y busca en sus lanzamientos a futbolistas de envergadura como Perona, Bouzón, Suzuki, Xavi Molina y el propio Emaná.