No se le borra la sonrisa a pesar de que está hecho un cromo. Partido tras partido, Diego Costa recibe más patadas, empujones y golpes que nadie, pese a lo que trata de estar tranquilo para poder ayudar al equipo con su indiscutible calidad. Atrás queda la faceta del brasileño en la que se desesperaba con tanto acoso y derribo, lo que habla bien a las caras de su madurez.
Con el brazo derecho inmovilizado con un cabestrillo, el ariete atendía este lunes a los medios de comunicación en la zona mixta de Zorrilla. Diego Costa quiere recuperarse cuanto antes de su esguince acromio-clavicular e, incluso, no descarta estar en Pamplona a pesar de que los servicios médicos han indicado que lo normal es que tarde quince días en volver a los terrenos de juego. Lamentablemente, el brasileño ya está acostumbrado a que le repartan estopa hasta en el cielo de la boca y, lo que es peor, a que muchas de las faltas de las que es objeto se dejen de castigar por los colegiados. Quizá es que arrastra mala fama de sus temporadas en Segunda, quizá es que no es Cristiano Ronaldo o Messi y que juega en el Real Valladolid y sólo es necesario proteger a los jugadores con talento de los equipos grandes.
"Los centrales hacen su trabajo, yo soy delantero y el hecho de recibir muchas patadas ya me ha pasado muchas veces. Tengo que estar tranquilo y centrarme en jugar, porque si me revuelvo puedo dejar al equipo con diez y eso sería muy malo. Ante el Zaragoza estuvimos mejor, quisimos ganar el partido y al final nos tuvimos que conformar con el empate porque tuvimos la mala suerte de encajar un gol. Pero bueno, lo importante es sumar".
Diego Costa dejó atrás una larga sequía goleadora, lo que no le quita el regusto amargo de no haber podido vencer y de haber desaprovechado una clara oportunidad en tres tiempos al inicio de la segunda parte. Y mientras rumia esa jugada abandona las instalaciones de Zorrilla con el brazo derecho en cabestrillo, el codo izquierdo dolorido, muchos hematomas en las piernas y el cuerpo y la sensación de ser un saco de gimnasio. Así será hasta que los colegiados no pongan remedio.








Fotografías (Gonzalo Martín): El bueno de Diego Costa recibió ante el Zaragoza más palos que una estera.