La casi completa ausencia de victorias fuera de casa condujo al equipo al descenso la pasada temporada y se convirtió en una especie de reto inalcanzable para los blanquivioleta, que parecían atenazados por un sortilegio que les impedía ganar lejos de Zorrilla. Afortunadamente, el Real Valladolid se ha sacudido de un plumazo cualquier sombra de tiempos pretéritos y en apenas cuatro días ha conseguido dos triunfos como visitante, en El Molinón en Copa del Rey y en Santo Domingo en Liga. Dos campos muy complicados que pusieron a prueba la madurez del equipo y que evidenciaron que el Pucela va por el buen camino.
Para encontrar la última victoria del conjunto blanquivioleta como foráneo había que remontarse hasta el 25 de octubre de 2013, hace casi once meses. Los pupilos de Juan Ignacio Martínez cuajaron un gran partido en Vallecas y se llevaron los tres puntos con justicia gracias a los goles de Ebert, Javi Guerra y Larsson. Se da la circunstancia de que ninguno de los protagonistas continúa en la plantilla y de que, desde sus primeros días como entrenador blanquivioleta, Rubi se empeñó en huir del pasado y construir el futuro mediante trabajo duro en el presente.
Pero la derrota en Lugo hirió al vestuario y despertó viejos fantasmas. Una derrota después de una mala primera parte pero injusta si se tiene en cuenta que el colegiado anuló un gol legal a Óscar Díaz. Las dos victorias logradas de manera consecutiva fueron granjeadas mediante caminos diferentes. En Gijón el equipo dio una lección de fútbol combinativo y se mostró muy superior a su rival. El Alcorcón tocó ponerse el mono de trabajo y esforzarse al máximo en cada pelota.
El resultado, más allá de la clasificación copera y de tres puntos muy valiosos, es la constatación de que el Real Valladolid progresa adecuadamente y, como defiende su entrenador, es capaz de ganar en cualquier campo y en cualquier circunstancia.
Fotografía de LFP: Once inicial del Real Valladolid que ganó en el Estadio de Santo Domiingo al Alcorcón.