El equipo blanquivioleta transformó su floja imagen como visitante y se mostró como un equipo muy sólido al que sólo le faltó materializar alguna ocasión de gol para doblegar al Barcelona B
El Real Valladolid cambió diametralmente este sábado en Barcelona la floja imagen que había dado como visitante durante toda la temporada y sacó a relucir un espíritu competitivo que fuera de casa se desvanecía. Empató a cero en el Mini Estadi ante el filial del F.C. Barcelona, pero firmó, de largo, su mejor partido fuera de casa esta campaña. De hecho, no sólo no plantó cara a un rival letal en su feudo, sino que fundió muchas de las ideas azulgranas, tuvo más posesión que su rival y dispuso de más y mejores ocasiones de gol.
Evidentemente, el nuevo técnico -que según anunció Carlos Suárez esta misma noche en la zona mixta del Mini Estadi se comunicará este domingo- tiene todavía trabajo por delante y el Real Valladolid un margen de mejora que necesita para recuperar el terreno que ha cedido hasta aquí, pero las sensaciones que transmitió el Pucela este sábado en Barcelona tuvieron muchas luces y pocas sombras.
Torres Gómez planteó un partido valiente. Lejos del "jugar y dejar jugar" trató de parecerse más al equipo agresivo que gusta a la afición blanquivioleta, al equipo que va al campo contrario a presionar la salida del balón y que trata de buscar con verticalidad la portería rival cuando roba el esférico.
Lo hizo con un sistema 4-2-3-1, con cambios en defensa (volvió Valiente al centro junto a Arzo y dio entrada a Peña en el lateral zurdo por Guilherme) y también en ataque (Jofre entró en la izquierda y Sisi cayó al centro, como media punta). El técnico vallisoletano no tocó la pareja de medios centros, formada por Jesús Rueda y Jorge Alonso.
Once inicial del Real Valladolid en el Mini Estadi.
La primera parte fue de tanteo. El F.C. Barcelona B se dio pronto cuenta de que el Real Valladolid no le iba a poner nada fácil las cosas y que iba a estar muy encima en los marcajes. Su posesión del balón se "ensució" y el fútbol azulgrana no engranaba. Con el balón, al Pucela le costó entrar en juego. No lo perdía con la facilidad casi pueril que lo hacía hasta ahora fuera de casa, pero tampoco acabó de poner el suficiente picante para romper el partido.
En la reanudación, el Pucela metió una marcha más al partido. Se adueñó del balón y las ocasiones empezaron a llegar. Jofre tuvo una clarísima al rematar fuera un centro de Sisi en inmejorable posición, Javi Guerra mandó una volea al larguero y, en la misma jugada, mediada esta segunda mitad, Arzo primero cabeceó con mucha intención al larguero y después Guerra siguió la jugada y puso un balón de oro que Jesús Rueda, solo en el punto de penalti, no supo definir en gol.
Y, la última ocasión de gol vallisoletana, clarísima, llegó en el minuto 74, cuando Nauzet, tras una sensacional jugada, puso un balón atrás para que Jorge Alonso, a placer en el punto de penalti, rematara al centro cuando el tanto parecía inevitable para el filial azulgrana.
Por supuesto, el Barcelona B también dispuso de sus ocasiones, porque sus futbolistas atesoran clase para regalar y de la nada sacan algo. Una falta directa que obligó a Jacobo, con muchos problemas, a sacar la zurda y enviar el balón a córner tras pegar en el palo, y un remate de espuela que el portero blanquivioleta, tapado por un defensa, sacó con una mano extraordinaria, fueron las dos ocasiones más claras del equipo de Luis Enrique.
En definitiva, a los puntos el Real Valladolid se llevó el combate, pero la falta de goles lo dejó en nulo. Pero hay victorias, como la que se consiguió en Granada, o empates como el de Elche o Ponferrada, que, más allá del resultado, dejan malas sensaciones en cuanto al juego. Esta tarde, el Pucela se pareció más al equipo que se espera, al equipo que el aficionado desea. Por eso, el Pucela sale de Barcelona con algo más que un punto.
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Fotografías (Ammedia). Arriba: Sisi recorta ante la entrada de un defensor azulgrana.
Jorge Alonso persigue al lateral zurdo catalán Abraham.
Arzo cubre el esférizo ante la entrada de Nolito.
El portero azulgrana Masip atrapa el esférizo ante la mirada de Guerra, Rueda y Bartra.