Tuvo que llegar el partido ante el Deportivo para que el Real Valladolid volviera a ganar. En Zorrilla venció por 4-0 y esta tarde, en Riazor, repitió triunfo con un 0-2 trabajado y sólo sufrido porque el último tanto blanquivioleta no llegó hasta el descuento, no porque el equipo gallego pusiera en aprietos a Justo Villar.
Con el triunfo en La Coruña, el Pucela abre el camino de la esperanza. El final del mismo todavía todavía queda muy lejos, pero para empezar a creer en la remontada, como es obvio, necesitaba ganar un partido. No lo hacía desde la última jornada del pasado año 2009, cuando doblegó al Sporting. De momento, lo más difícil ya está conseguido. Superada esta prueba, fuera de esa dinámica impenitente que nubla la razón y encoge las piernas y el corazón, el Real Valladolid tiene ahora la oportunidad de engancharse definitivamente a la salvación si gana al Espanyol el próximo miércoles.
Para el aficionado vallisoletano se hace difícil pensar que el Deportivo esté en zona europea visto su rendimiento ante el Pucela. Pero lo está por méritos propios, porque es un gran equipo, que explota al 110% sus recursos, que sabe a lo que juega y lo hace bien. Así pues, si el Deportivo ha jugado mal ante el Real Valladolid en sus dos partidos, debe ser más mérito de los vallisoletanos que demérito de los coruñeses. Sencillamente, hay equipos que, no se sabe ni cómo ni por qué, tienen cogida la medida a otro. Y otra vez el Pucela le hizo un "traje" al Dépor.
El Pucela no hizo un partido exquisito en Riazor, pero estuvo serio a carta cabal. Hizo lo que le exigía el guión y incluso tuvo más desparpajo de lo exigible cuando se juega con la soga al cuello. Primero, luchó a destajo, como lo hizo contra el Real Madrid. Segundo, tuvo personalidad con la pelota y no tuvo miedo de mover el esférico con verticalidad, a pesar de que sabía que el Deportivo es letal a la contra. Pero esta vez ni el Dépor supo presionar al Real Valladolid, ni tuvo claridad alguna para llegar hasta los dominios de Villar. Justo es decir que la baja de última hora de Guardado en las filas locales ayudó mucho, pero claro, para bajas, las del Real Valladolid, que jugó en Riazor con el mismo equipo que plantó cara al Real Madrid en la primera parte, con la entrada de Sereno por Nivaldo y la de Borja por el lesionado Lázaro.
Sereno, en la imagen saltando con Juan Rodríguez, cumplió en su debut en el eje de la zaga, donde formó pareja con Arzo. Pedro López y Del Horno estuvieron en los laterales; Borja y Pelé en el centro del campo; Nauzet, Bueno y Marquitos en la media punta; y Costa arriba.
En el cómputo global del partido, el Real Valladolid fue mejor y mereció ganar. Tuvo más el balón, corrió más, defendió mejor y tuvo las mejores ocasiones. Antes del 0-1, obra de Nauzet en el minuto 39 al cazar un despeje de Aranzubia y romper la pelota con la zurda desde la frontal, Borja había tenido ya dos ocasiones clarísimas, casi a puerta vacía.
En la segunda mitad, el Real Valladolid salió con la misma mentalidad valiente, pisando mucho el campo del contrario. Sin hacer daño, pero sin dejar que el Deportivo se metiera en el partido, controlando la situación. Tras los veinte primeros minutos, Lotina, que ya en el descanso había sacado a Pablo Álvarez por Lassad, sacó la corneta y mandó a la carga a los suyos, con la entrada de Mista y Bodipo por Zé Castro y Valerón.
El doble cambio, varió un poco el partido, pero no lo suficiente. El Deportivo adelantó líneas, pero el Real Valladolid supo replegarse a la vez que apretaba los dientes. La presión vallisoletana empezaba ahora en el centro del campo, más atrás, pero era constante y no dejaba pensar a unos jugadores gallegos que tampoco daban señal alguna de tener la mente despejada. Sin ideas en los blanquiazules, Justo Villar vivía tranquilo. Sólo tuvo que emplearse en un centro desde la izquierda que dejó a los vallisoletanos a punto de desfibrilador.
Y para ahorrar sufrimientos, cuando el partido había entrado en el descuento, el Pucela, que ya había salido en los últimos minutos con contraataques muy peligrosos (Diego Costa en uno dribló a Aranzubia y su disparo no encontró puerta), mató el partido con una galopada por la izquierda de Marcos -que había salido por Bueno para jugar los cinco últimos minutos- que acabó con un pase a Haris al centro; el bosnio controló, levantó la cabeza y cruzó el balón con la zurda al borde del área. 0-2. Justo e inapelable.
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Fotografías (Agencias): Nauzet, que recuperó el buen nivel que demostró en el arranque de la Liga, volvió a marcar. Arriba: Diego Costa no está en su mejor momento, pero dio siempre la cara y complicó la vida a la defensa del Dépor.




