El Real Valladolid no consiguió en Tarragona, frente al colista, salir de la espiral de resultados negativos en la que ha entrado en la Liga Adelante. Perdió, con justicia, por 1-0, tras un flojo partido. Una nueva derrota dolorosa que socava aún más su debilitada moral y le aleja aún más de los mejores de la división de plata.
Después de un comienzo esperanzador, en los que sacó adelante con solvencia los partidos en Zorrilla y en los que fuera de casa, sin un gran fútbol, ganó en Granada y estuvo a doblegar al Elche y a la Ponferradina, el equipo blanquivioleta ha entrado en una dinámica de derrotas que le descolocado hasta convertirle en un equipo irreconocible para los aficionados que le vieron golear al Villarreal B, Recreativo o Las Palmas, o que dio la cara ante el ahora intratable Betis.
Esta tarde en el Nou Estadi de Tarragona el Real Valladolid volvió a dar muestra de equipo perdido, que busca, entre asustado y agobiado, su identidad. Cada jugador, nublado en una nebulosa colectiva, parece menos de lo que es, y el resultado colectivo es un equipo atenazado y sin personalidad, que no se encuentra a gusto en el campo, que sufre igual cuando tiene el balón que cuando tiene que recuperarlo. Hasta un futbolista majestuoso como Javi Guerra, se diluye en el fluido colectivo.
Hasta tal punto ha llegado el Real Valladolid que los rivales, aunque sea el colista como el Nástic, un equipo que trata de explotar sus pocas armas para huir de la quema del descenso, parecen crecerse frente a los blanquivioleta y encuentran siempre una grieta para derribar un muro poco consistente.
Jofre, que se quedó de salida en el banquillo, salió en el descanso por Óscar. Barragán, que también fue relegado a la suplencia por Pedro López, entró por éste, renqueante todavía de su lesión, en el minuto 80. El tercer cambio (el segundo por orden cronológico) fue la reaparición de Calle, que relevó a Nauzet en el minuto 71.
En esta ocasión fue Rubén Navarro, otro viejo delantero-rockero de los que abundan en Segunda y que a falta de físico conservan todavía la veteranía para rematar a un rival herido, quien dio la puntilla al Real Valladolid, con un gol en el minuto 70. Podía haber sido en la primera parte, en la que Justo Villar salvó al Pucela en varias ocasiones, pero en el único balón que el paraguayo no pudo atajar, el Real Valladolid encajó el gol.
Si con el empate el Real Valladolid no tuvo jerarquía para imponerse a un débil Nástic, también agobiado por su condición de colista y una racha de siete partidos sin vencer, tras el gol apenas pudo sostenerse en pie. Sólo con acciones individuales, que nacieron del corazón, de un corazón herido, consiguió llegar hasta el área de un Nástic que le esperaba asustado ante un empate que le mataba. Pero el equipo realmente asustado, atenazado y encogido era el Pucela.
La próxima oportunidad de levantar la cabeza será ante el Huesca, el próximo sábado, a partir de las 18 horas.
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Fotografías (Ammedia). En Portada: Javi Guerra, que reclamó un posible penalti en el minuto 51 al controlar un balón delante de Rubén y ser entrado por detrás por Mairata, trata de escaparse por la banda derecha. Arriba: Sisi volvió tras la sanción y jugó en la banda izquierda, desplazando a Jofre al banquillo.

Raúl Navas repitió en el eje central, formando pareja en el centro de la defensa con Arzo, que volvió, al igual que Sisi, después de cumplir una sanción. Marc Valiente no pudo sentarse ni en el banquillo aquejado de una inoportuna sinusitis. Por delante de Arzo y Raúl Navas, en el medio centro, actuaron Jorge Alonso y Jesús Rueda, la banda derecha fue para Pedro López y Nauzet, la izquierda para Peña y Sisi, la media punta para Óscar y Javi Guerra fue el delantero. Tras el cambio de Óscar por Jofre, éste se fue a la izquierda y Sisi gozó de libertad en la media punta, por el centro, para tratar de conectar con Guerra.