El Pucela no acaba de arrancar. Mejor dicho, el vehículo está en marcha, pero no carbura bien, va a tirones. Avanza lentamente, punto a punto, pero avanza. Lo malo es que si mira por el retrovisor los perseguidores ya están a punto de darle alcance. El colchón de puntos ya no existe, es solo un amasijo de muelles y espuma. En Zorrilla, el Pucela se ha atascado y necesita rápido un empujón fuerte para impulsarse.
Después de dejar buenas sensaciones ante el Sevilla, una semana después, en casa, retomó las que había dejado a la afición vallisoletana en Zorrilla ante el Tenerife en la última media hora. Sensaciones malas, de nervios, de angustia, de precipitación.
El empate a uno que registró al final del partido del Real Valladolid - Málaga no fue lo peor del partido. Después de una primera parte en la que el conjunto malagueño pudo irse al descanso con el partido sentenciado, sumar un punto y mantener la distancia ante un directo rival no es lo peor. Evidemente, es un triste consuelo, pero hoy por hoy, es lo que hay y tras no poder ganar consecutivamente en Zorrilla a Xerez, Tenerife y Málaga, el Real Valladolid tiene que ser realista y debe rearmarse moralmente para saber sufrir. Es cierto que pudo ganar, pero objetivamente estuvo muy cerca de perderlo.
Diego Costa mantuvo más de un rifirafe con los defensores del Málaga, pero no vio la amarilla, por lo que podrá jugar ante el Sporting. Al final del partido, provocó una jugada polémica en el área, porque obligó a Welington a quitarle con la bota un balón por encima de la cintura del brasileño, que debió ser libre indirecto.
El Málaga fue esta tarde muy superior al Real Valladolid, al menos en la primera parte, cuando contabilizó dos largueros, dos mano a mano con Villar (el segundo, en el minuto 44, escandalosamente claro) y hasta cuatro llegadas claras con marchamo de gol. Con un fútbol sencillo, de toque, rápido y vertical, comandado por el ex blanquivioleta Fernando en la derecha y Duda por la izquierda, con constantes cambios de orientación desde las bandas en busca de la espalda del lateral, literalmente trituraron el sistema defensivo blanquivioleta, que acabó a la deriva, en una continuación de lo que ocurrió en la última media hora ante el Tenerife.
Afortunadamente, de las múltiples ocasiones del Málaga, sólo Duda acertó a meter una, en el minuto 34, en el enésimo balón en diagonal a la espalda de la zaga, que permitió al portugués bajar el balón a placer y fusilar a Justo Villar.
Del ataque vallisoletano sólo nació una ocasión de gol, tres minutos antes del tanto malagueño, que desperdició Nauzet al no encontrar puerta su disparo cuando ya había rebasado a la defensa y, aunque escorado a la derecha, sólo tenía a Munúa por delante.
Barragán sufrió con el marcaje a un gran jugador como Duda.
En la segunda mitad, el Málaga se contagió de la impotencia vallisoletana y se acomodó, bajó la guardia, dejó de salir al contraataque y cedió tantos metros que fue una invitación a la resurrección vallisoletana. Una escapada de Diego Costa por la izquierda que dejó el gol en bandeja a Manucho supuso el toque de corneta para el ataque. El delantero falló ante Munúa una ocasión clara, clarísima, pero dos minutos después Diego Costa volvió a escaparse por la banda -esta vez por la derecha- y provocó un córner que botó Haris y Nivaldo cabeceó en el minuto 69.
En la reacción vallisoletana tuvieron que ver muchos los cambios. Sesma salió en el descanso y tuvo mucho más empuje que un Canobbio esta tarde apagado. También Haris tiró más del equipo que Álvaro Rubio, un profesional intachable dentro y fuera del campo, en la caseta y en el trabajo, que siempre da la cara, juegue bien, mal o regular, que nunca se esconde y que ha dado mucho por este equipo, pero que se fue despedido con algunos pitos en el minuto 61.
Manucho falló una ocasión a bocajarro en el minuto 64, tras una gran jugada de Diego Costa, que le puso el balón en bandeja al angoleño, a cuatro metros de la portería, pero que tardó en armar la zurda y su disparo precipitado lo sacó bajo palos Munúa.
Curiosamente, Haris y Sesma tuvieron en sus botas la victoria milagrosa, que hubiera hecho justicia más que los méritos del Pucela a los deméritos del Málaga por no saber rematar a un rival moribundo. En el minuto 74, Haris ganó la línea de fondo, pero su tiro, muy escorado, lo sacó bien Munúa, y en el minuto 77, Sesma aprovechó un pase largo para bajar el balón con el pecho al borde del área y disparar de volea, sin dejar caer el balón, por encima del larguero. Una jugada que no es la primera vez que realiza en Zorrilla el gaditano, que no vio que tenía el tiempo suficiente para orientar el control con el pecho y haber buscado el mano a mano con el portero uruguayo del Málaga, que no tuvo mucho trabajo, salvo arañar segundos al cronómetro una y otra vez.
En los últimos minutos, el Málaga se dio cuenta de la oportunidad de ganar que se le escapaba y quiso ganar el partido, pero ya no tuvo el acierto para dar otra estocada al Pucela, que también empujó con más corazón que cabeza en busca de esa victoria que debe devolverle la confianza para darse cuenta de que es mucho mejor de lo que se cree. El próximo domingo, ante el Sporting, debe ser el día.
Fotografías (Gonzalo Martín). En Portada: Diego Costa fue muy vigilado por la defensa del Málaga, pese a lo cual se sacó dos arrancadas "marca de la casa" que propiciaron la reacción vallisoletana en la segunda parte. Arriba: Munúa sacó este remate de Haris Medunjanin en el minuto 74.