Del minuto 1 al 87 el Real Valladolid estuvo este sábado en situación de puntuar en el difícil campo de La Rosaleda ante el Málaga C.F., pero en ese momento apareció Demichelis, que, en fuera de juego, asistió a Joaquín, que acababa de mandar a la grada un penalti, y dio los tres puntos a los suyos (2-1) y dejó a los blanquivioleta sin un premio que se habían ganado a pulso por su propio trabajo en el campo y por la poca eficacia del equipo andaluz, que fió todo a su calidad en una ruleta rusa que le estalló al Pucela en forma de tiro de gracia, con la impotencia añadida de haberse quedado con un hombre menos en el tramo final por la injusta expulsión de Manucho.
De salida, Djukic planteó dos cambios en el once con respecto al equipo que empató ante el Espanyol. Baraja ocupó el puesto de Álvaro Rubio, lesionado, y Jaime y Omar relegaron al banquillo a Jaime y Bueno, respectivamente. Y el partido se le puso de cara al Pucela rápidamente porque Omar realizó una gran jugada en el minuto 8, su disparo lo rechazó Willy Caballero, Ebert volvió a disparar, el portero volvió a despejar y Manucho cazó el esférico suelto para revolverse y marcar a la media vuelta.

El gol dio aplomo al Real Valladolid, que estuvo trabajador para cortar los ataques deslavazados del Málaga y tuvo el 2-0 en un disparo de Rukavina que se fue desviado por escasos centímetros. El Málaga, que practicó un juego a base de toques en corto que siempre moría en las proximidades del área, reclamó dos penaltis de Marc Valiente que no parecieron penas máximas: uno en el minuto 33 en el que el catalán se lanzó con todo para cortar un avance de Jesús Gámez (dio la impresión de que el defensa llegaba a despejar el balón con la punta de la bota antes de trabar al defensa andaluz) y otro en el minuto 35 por un envío que le pegó al central en la mano derecha, aunque ésta estaba pegada al cuerpo, por lo que Iglesias Villanueva no señaló la pena máxima.
En el minuto 37, Isco empató en una buena jugada de Eliseu, que ganó la banda derecha y en la que el jugador andaluz definió con maestría con un disparo imparable. Con muy poco, el Málaga conseguía así equilibrar la contienda y poner cuesta arriba el partido al Real Valladolid, cómodo ante lo poco que el equipo local le había exigido, pero que se daba de bruces con la realidad: el Málaga tiene mucha pegada y no le hace falta tocar muchas veces el sombrero con la chistera para sacar un conejo.
La segunda mitad comenzó con un buen remate de Manucho que sacó Willy Caballero y un fútbol más equilibrado. El Málaga tocó y tocó muy en cortó y con mucha lentitud tanto en el balón como en los desmarques, favoreciendo el trabajo defensivo de los vallisoletanos, a los que también les costaba llegar hasta el área de Caballero.
Los vallisoletanos también reclamaron lo que pareció un doble penalti en la misma jugada, primero sobre Manucho y después sobre Víctor Pérez cuando iba a rematar en el minuto 66 y los malagueños tuvieron el segundo gol en un remate de Joaquín que sacó Balenziaga cuando el balón llevaba camino de la red, cuatro minutos después.
En el minuto 81, el árbitro dio un nuevo giro al partido. Manucho saltó con Welington a por un balón largo enviado por Dani, el africano lo ganó, pero el colegiado le mostró la tarjeta amarilla. Con rigurosidad, Iglesias Villanueva pudo señalar falta por el empleo de una fuerza excesiva en la acción, pero la amonestación fue una penalización a todas luces injusta. Pero es que, para completar el desastre, era la segunda amarilla porque unos minutos antes había amonestado a Manucho por otra falta inexistent, que el colegiado no vio a tres metros, pero le señaló, en un claro error, el asistente. De esta forma, Manucho se fue a la ducha y el Málaga se quedó en superioridad numérica.
El arreón final malagueño fue letal. El Real Valladolid perdió el sitio y vio como primero Sereno cometía penalti sobre Saviola (pena máxima que Joaquín envío por encima del larguero) y dos minutos después, en una llegada en superioridad del equipo local, Joaquín esta vez no perdonaba y bordaba el gol de la victoria en una explosión de puro talento que fulminó al Real Valladolid.
En el descuento, como ese toro bravo a punto de morir, el Real Valladolid tiró una última embestida que a punto estuvo de darle un punto que mereció: Sereno prolongó el balón largo, Óscar lo bajó en la frontal y su disparo, frente a frente con Willy Caballero, fue detenido por el portero argentino.
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