Para ser fieles con la historia escrita en los últimos enfrentamientos directos, Real Valladolid y C.D. Numancia volvieron a brindar un partido loco, en el que esta vez la moneda al aire cayó del lado blanquivioleta y el Pucela sumó tres puntos valiosísimos gracias a dos goles en el sprint final, obra de Jofre y Manucho en los minutos 80 y 85, respectivamente, tras sendas asistencias de Javi Guerra, tantos que daban la vuelta al marcador inaugurado por el jovencísimo vallisoletano Felipe, que se amargó el día de su debut marcándose un tanto en propia puerta en el minuto 70.
Más allá de los goles, el partido fue entretenido, no por la calidad del juego, sino por el desorden que hubo en el campo, lo que propició muchas llegadas a las áreas, con ambos equipos partidos en un correcalles.
Curiosamente, cuando el Real Valladolid fue superior y debió sentenciar el partido o al menos encarrilarlo con algún tanto, el gol no llegó, primero porque Javi Guerra estrelló en la cruceta un disparo a pase de Bueno, que jugó como media punta por detrás del artillero malagueño; después porque el pichichi remató fuera (y con suspense, porque el portero estaba batido) un servicio en bandeja de Alberto Bueno; y finalmente, casi al filo del descanso, Bueno no acertó a rematar bien el pase de la muerte de Víctor Pérez.
Pesca en río revuelto
Pero si en la primera parte el Real Valladolid fue superior al Numancia, siempre dentro de un juego poco fluido, en la segunda el equipo blanquivioleta flojeó en defensa, donde no lo había hecho en la primera mitad pese a tener dos jóvenes canteranos como Mogil y Felipe, y se desordenó hasta límites insospechados.
Llegó un momento en el que Jesús Rueda, el mejor jugador del partido, ya no podía achicar todo el agua que llegaba a sus dominios y la balanza empezó a inclinarse del lado del Numancia.
En una jugada desgraciada Felipe se marcó en el minuto 70 el gol en propia puerta, fruto del cansancio, la presión y la mala suerte -el joven lateral acabó lesionado y tuvo que dejar su sitio en el campo a Peña- y cinco minutos después el delantero numantino Lago Junior rompió la zaga y perdonó en un mano a mano ante Jaime el que hubiera sido el 0-2 que podría haber matado definitivamente al Real Valladolid.
Por aquel entonces, ya estaban en el campo Jofre y Manucho, que entraron por Nauzet y Bueno, y con los que Djukic quiso dar otro aire al partido. Y al final lo consiguió porque en el minuto 80 Manucho rompió en el centro del campo la defensa adelantada del Numancia con un pase al espacio al que corrieron Javi Guerra y Jofre para que el extremo marcara a puerta vacía tras la dejada del pichichi blanquivioleta, y en el minuto 85 el propio Manucho, tras una jugada preciosa de Javi Guerra tras pase de Jofre, empujaba en la misma línea de gol el 2-1.
Claro, que en la locura, dos minutos antes del 2-1, el Numancia tuvo una doble oportunidad clarísima de gol para haber marcado el 1-2, que abortó Jaime con una parada que puede pasar ya a la memoria de las mejores intervenciones de un guardameta en el Estadio Zorrilla. Y es que los porteros, aunque en Valladolid se había olvidado, también juegan. Y paran. Y, a veces, hasta dan puntos.
Mientras el equipo y el sistema aparecen, mientras las piezas se van a acoplando, mientras los problemas se van capeando, el Real Valladolid suma. La próxima oportunidad, el próximo martes, a partir de las 18 horas, ante el Alcoyano.
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Fotografía (Gonzalo Martín): Manucho celebra el gol de la victoria.