El Real Valladolid sufrió esta noche toda la crueldad del fútbol. Tras marcarse un gol en propia puerta en el final de la primera parte (Balenziaga, a la salida de un córner), quedarse con 10 jugadores por expulsión de Sereno en el minuto 56 (en una jugada que dio origen a un penalti que Dani paró a Soldado), ser capaz de empatar con un golazo de Óscar en el minuto 71 y defenderse con maestría ante un Valencia impotente, vio como en la última jugada del partido el colegiado Hernández Hernández regaló una última opción al equipo ché, que marcó sobre la bocina por medio de Jonás.
El partido dio para mucho, pero es obligado comenzar para el final, por esa última jugada que concedió al Valencia la opción de ganar. Mikel Balenziaga robó un balón en su terreno y se dio una carrera descomunal para forzar un claro saque de banda en el córner del Valencia. El línea y el colegiado concedieron el balón al Real Valladolid, pero cuando vio que Balenziaga no sacaba, sino que recuperaba su posición para dejar el saque a un compañero, el árbitro prevaricó y no se le ocurrió otra decisión que dejar sacar al Valencia. Entre la incredulidad de todo el estadio, el Valencia avanzó, Jonathan Viera centró y Jonás se elevó con potencia para soltar un testarazo imparable.
La prevaricación del juez fue manifiesta, indiscutible, pero el Real Valladolid salió de Mestalla con la sensación de haber sido sacudido por la mala suerte y una decisión injusta. El colegiado canario tomó una decisión injusta a sabiendas: concede saque de banda a favor del Real Valladolid y saca el Valencia con su consentimiento. La decisión es antirreglamentaria a todas luces. Si entiende que hay pérdida de tiempo (algo que no sucedió de ninguna de las maneras) puede amonestar a Balenziaga o le puede expulsar, pero jamás puede permitir que saque el infractor. Y si no entiende que hay pérdida de tiempo y simplemente vio como el Valencia sacaba y miró hacia otro lado, la prevaricación es con nocturnidad y alevosía.
Si un colegiado se equivoca en una apreciación y concede el saque de banda a un equipo cuando en realidad era el infractor, comete un error material, que un deportista, por más que le duela, debe aceptar. Conceder el saque de banda a un equipo y dejar que saque el otro, por la razón que fuere, es dictar a sabiendas una resolución injusta. Y eso, en castellano, es prevaricar.
Balenziaga explica a Valiente cómo llegó el primer gol, marcado en propia puerta por el lateral.
Pero dejando al margen la última jugada y la decisión injusta de Hernández Hernández que le debería costar su carrera en el arbitraje, el Real Valladolid jugó un gran partido en Mestalla. El equipo vallisoletano dio la cara en todo momento ante el Valencia, al que en la primera parte solo concedió dos ocasiones de gol: un "mano a mano" de Canales ante Dani que sacó el venezolano y un cabezazo de Soldado que salió lamiendo el palo. Por lo demás, el Valencia tuvo más el dominio el balón, pero el Real Valladolid, que no renunció a jugar la pelota y nunca se encerró en su área, controló el partido.
El gol de Balenziaga en propia puerta, en el minuto 39, llegó en una auténtica jugada desgraciada: un balón cabeceado por Mathieu a la salida de un córner, le golpeó al lateral en la zurda y el balón se coló irremisiblemente en la portería de Dani Hernández.
En la segunda mitad, el Real Valladolid avisó pronto de que no iba a entregarse, ni mucho menos, y Omar obligó a Guaita a hacer la parada de la Liga con un disparo con la zurda.
En el minuto 56, el Valencia armó una buena contra y en el uno contra uno de Soldado con Sereno, el portugués barrió al delantero valenciano dentro del área, lo que le costó el penalti y la expulsión, puesto que vio la segunda tarjeta amarilla. De este nuevo contratiempo, el Real Valladolid salió reforzado puesto que Dani Hernández atajó la pena máxima de Soldado y el equipo de Djukic volvió a tomar aire y siguió buscando el empate con personalidad y arrojo, hasta que lo encontró en el minuto 71, obra de Óscar, que empalmó el centro de Rukavina llegando desde atrás, para poner el balón en el único sitio al que Guaitia no podía llegar: la escuadra izquierda de su portería.
Con 10 jugadores y los ajustes de Djukic en el campo (Sastre por Omar para que Jesús Rueda pasara del medio centro al puesto de Sereno en el eje de la zaga y Valdet Rama para que continuara el generoso trabajo de Larsson), el Real Valladolid frenó en seco al Valencia. De hecho, no concedió opción alguna al Valencia, hasta que llegó el gol de la derrota.
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