No es fácil resumir el partido que esta tarde disputaron en Zorrilla el Real Valladolid y el Athletic Club y que acabó con empate a dos como podía haber acabado con victoria de cualquiera de los dos equipos por la multitud de circunstancias que concurrieron en el mismo.
Lo primero que hay que decir es que en el cómputo global del partido, el Real Valladolid fue superior al Athletic Club e hizo más méritos para ganar, aunque en el fútbol lo que se contabiliza en el marcador son los goles anotados, no el dominio ni las ocasiones.
Gol del Athletic y lesión de Llorente
El partido comenzó loco y acabó como una regadera. De salida, aunque el Real Valladolid en el minuto 5 ya tuvo una oportunidad clara para marcar por medio de Sisi, el Athletic se puso por delante en el minuto 9, cuando Susaeta agarró un trallazo imparable en la frontal que se coló ajustado al palo.
Sisi, que acabó lesionado, cuajó un buen partido, completado con el pase a Costa en el primer gol blanquivioleta.
Nada más sacar de centro llegó la primera circunstancia extraña que condicionó el partido. En un balón en largo Nivaldo midió mal y dio un cabezazo a Fernando Llorente que le dejó K.O. El extraordinario delantero vizcaíno cayó desplomado y durante varios minutos tuvo que ser reanimado en el campo hasta que abandonó el terreno de juego consciente, rumbo al Hospital Río Hortega para observar más detenidamente el fuerte traumatismo.
Los jugadores no tardaron en volver a coger el pulso, porque al minuto de retirarse Fernando Llorente para que entrara Etxeberria, Sesma volvió a fallar otra gran ocasión, al rematar desviado un centro de Canobbio.
Cinco minutos después, nuevo giro al encuentro: Ustariz cazó a Diego Costa cuando se iba como un tiro hacia Iraizoz y vio la correspondiente tarjeta roja, que dejó al Athletic en inferioridad numérica.
Sesma volvió por sus fueros, estuvo un par de veces a punto de marcar y llevó peligro en sus acciones.
La nueva variante dio como resultado que el Athletic se atrincheró en su área -Caparrós cambió a Yeste por el central Etxeita- y, además, sin Fernando Llorente para oxigenar el juego, porque el equipo vasco, solo con enviar balones largos al delantero bilbaíno es capaz de romper el ritmo del partido a cualquiera.
De esta forma, el Real Valladolid tomó el mando de las operaciones y empezó el acoso y derribo de la portería del Athletic. Le costó adecuarse a la nueva situación, pero poco a poco fue tomando la medida al encuentro, y al final de la primera parte, en la que Sesma volvió la tener una ocasión muy clara, ya dio síntomas de que podía ser capaz de remontar el choque de frontón.
La entrada de Manucho ayudó a Costa y dio más mordiente al ataque local.
En la caseta, Mendilibar buscó más profundidad en la banda izquierda, con la salida de Marcos por un Barragán que no se había acabado de acoplar bien al lateral zurdo, y en el minuto 53 metió una marcha más al partido al sacar a Manucho por Borja.
La remontada
Sin prisa, pero sin pausa, el Real Valladolid, con Diego Costa como jugador más peligroso, intensificó cada minuto su ataque, hasta que el Athletic cayó como fruta madura.
El ariete brasileño empató en el minuto 60 al culminar una preciosa jugada de Manucho y Sisi, que vio perfectamente el enésimo desmarque de Costa para dejarle solo ante Iraizoz, y su compatriota Nivaldo, al adelantarse a la salida del portero vasco en una falta central y peinar el esférico, puso el 2-1 en el minuto 75.
Nivaldo celebró con acrobacias su gol.
El Real Valladolid, con tranquilidad, con criterio, con orden, con paciencia, con dinamismo, con velocidad, con fe y con las ideas claras, había encontrado el camino para llegar a la victoria. Lo más difícil estaba hecho y solo quedaban 15 minutos para ver la respuesta del Athletic, que no había dado señales de fútbol, ni con la entrada del habilidoso Muniain tras el primer gol local.
El desenlace
Pero en ese preciso momento, el Pucela se convirtió en carne de psiquiátrico y tiró por la borda todo el buen trabajo que había hecho hasta ese momento. La cuesta arriba empezó con la expulsión de Marcos nada más sacar de centro el Athletic. El lateral zurdo, mermado en sus facultades físicas -por eso Barragán le dejó en el banquillo- vio una segunda amarilla tan rigurosa como innecesaria por una zancadilla en la banda y como diez minutos antes había visto la primera, fue expulsado y el Real Valladolid se quedó con 10 jugadores.
Y en el saque de la falta, para que todo quedara en tablas, Muniain recogió el centro en el segundo palo y tuvo la habilidad de bajar el balón y disparar cruzado, sin que Jacobo pudiera evitar el 2-2. Con este tanto, Iker Muniain se convierte en el goleador más joven en toda la historia de la Liga española.
Sisi, Manucho y Jacobo, desolados tras el gol de Muniain.
Pero el Real Valladolid, que había encontrado la forma de ganar, que había probado, aunque solo fuera por un minuto, el sabor a la victoria, quiso ganar, fue a ganar, pero se pasó de frenada. En el minuto 79, Nivaldo trató de irse por el centro en una jugada personal y cuando el Athletic quiso armar la contra, el defensa hizo falta, Mateu Lahoz le enseñó la segunda amarilla (la primera la vio en la entrada que lesionó a Llorente) y dejó a su equipo con nueve jugadores.
Mendilibar recompuso el equipo con la entrada de Baraja por Sisi, lesionado, y el Real Valladolid, que había jugado todo el partido en superioridad, tuvo que jugar los diez últimos minutos en inferioridad. Un disparate. Cosas del fútbol.
Pero ahí no acabó todo porque el partido se rompió y se convirtió en un tiro al aire. El Real Valladolid tuvo todavía dos buenas ocasiones: un disparo desde fuera del área que se fue rozando el poste pero que si hubiera cogido puerta probablemente hubiera acabado en gol porque sorprendió a Iraizoz y la última genialidad de Costa, impresionante, que estaba muerto físicamente y se sacó del corazón otra cabalgada que acabó con un disparo rechazado por el portero a duras penas y que Canobbio estuvo a punto de remachar, pero un defensa sacó el balón a córner.
Y en el descuento, con el partido ya loco de remate, Muniain, un chaval que va para figura, se plantó ante Jacobo y el portero vallisoletano acertó a sacarle el disparo en el mano a mano. Hubiera sido un golpe durísimo para un Real Valladolid, que al menos, punto al margen, sí ha encontrado argumentos y el camino para hacer un buen fútbol y ganar, aunque esta vez no supo frenar a tiempo.
Fotografías (Gonzalo Martín). En portada: Canobbio volvió a ser el director orquesta vallisoletano, secundando desde atrás por Álvaro Rubio. Arriba: Diego Costa, el mejor jugador sobre el césped de Zorrilla esta tarde.