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LaLiga
El año más extraño

Hace doce meses el Real Valladolid comenzó una andadura que camina hacia la salvación

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El seis de julio de 2020 la actualidad del planeta fútbol debería haber centrado sus ojos en Londres. Allí, en el mítico Wembley, quizá fuese España una de las cuatro selecciones que competiría en las semifinales de la Eurocopa. Sin embargo, mañana quien juega es el Real Valladolid en Mestalla, en la jornada 35 de un campeonato impensable que para los pucelanos arrancó exactamente hace 365 días. Y la Euro, en una edición que planteó como sede el continente entero desde Bilbao a San Petersburgo, está suspendida y con las fronteras mundiales restringidas.

El seis de julio de 2019 los Anexos recibían a los jugadores de la primera plantilla por primera vez tras las vacaciones estivales. La afición todavía saboreaba el partido en Vallecas y sobre el verde se veían algunas caras nuevas, y muchas de siempre, ilusionadas por la apertura del curso, un inicio exigente con trabajo en doble sesión, mañana y tarde, bajo la batuta de Sergio González y su cuerpo técnico. Después vendría la gira por Estados Unidos y Canadá, la concentración en Marbella y el amistoso en Mantova, una movilidad otrora natural pero que hoy enciende, de manera consciente e inconsciente, nuestras alarmas.

El coronavirus ha transformado lo cotidiano en extraño. Paralizó en España el pulso de la vida durante 100 días, una vida que arrebató -y arrebata- a demasiados familiares, amistades, vecinos, compatriotas. En esta nueva normalidad, que es de todo menos normal, el fútbol también siente las ausencias y sufre el vacío de su parroquia. Tanto en el Estadio José Zorrilla como en los remozados Anexos perduran los ecos de una afición que, confiemos, pronto pueda volver a arropar a su equipo.

En lo deportivo, el Real Valladolid acaricia después de un año completo la permanencia matemática a falta de cuatro jornadas para el final de una competición que se va a prolongar hasta mediados de julio. Un objetivo que era el deseado aquel caluroso día en el que arrancó la pretemporada pero que llega con dos meses de retraso y en un mundo diferente tras una pandemia cuyas dimensiones aún están por calcular.