El trabajo a destajo para minimizar la inferioridad numérica en la que jugó desde el minuto 36 por la expulsión de Diego Costa y una defensa muy seria dieron al Real Valladolid un punto en el partido ante un Espanyol que en la segunda parte tuvo toda la iniciativa del juego, pero que nunca encontró la forma de hacer gol.
Con el buen trabajo en la retaguardia, que le permite sumar un punto más y mantener por segunda jornada consecutiva su portería a cero, se debe quedar el Pucela para poner en la balanza el aspecto positivo. En el negativo estuvo la producción ofensiva, que fue poca, tanto cuando jugó con once como cuando lo hizo con diez.
El Real Valladolid salió al campo con la cabeza fría, bien posicionado en el campo y jugando sin prisa. El resultado fue un partido cerrado, con posesiones muy cortas en ambos equipos por los errores en la entrega, sin que el balón llegara siquiera a las áreas.
La actuación de Pérez Lasa desconectó al Pucela. El colegiado vasco es el polo opuesto, por ejemplo, de Undiano Mallenco, el árbitro que saldó el partido de Riazor sin tarjetas amarillas. Con su actitud y con algunas de sus decisiones, descentró a los blanquivioleta, que se sintieron injustamente castigados.
Expulsión de Diego Costa
Sin duda, la decisión más polémica del árbitro vasco fue la expulsión de Diego Costa. El brasileño había tenido algún rifirrafe con su marcador, Dídac, y en el minuto 36, con el juego detenido, el juez de línea quiso ser el protagonista en la refriega al avisar al colegiado de que Diego Costa había pisado al defensa españolista en una acción que pasó desapercibida. Para hacer más sangre, el acta recalca que Diego Costa pisó al contrario "de forma violenta" y "estando el juego detenido".
Fotografía (Gonzalo Martín): El juez de línea señala a Diego Costa en la jugada que le costó la expulsión al brasileño.
Pero los recursos ante los comités es el siguiente capítulo. En el del partido, fue definitivo. Quedarse sin Diego Costa con una hora de partido por delante es un varapalo muy duro. Por el túnel de vestuarios se fueron muchos de los argumentos ofensivos de un Pucela que necesitaba ganar y que pasó a intentar no perder como principal premisa.
Onésimo reconstruyó el equipo en el descanso. El Pucela había salido con el mismo once de Riazor, con Canobbio en la banda derecha por el lesionado Nauzet. En la segunda parte metió primero a Haris por Marquitos para intentar tener más el balón, luego a Manucho por Canobbio para buscar una presencia en ataque que hasta ese momento era nula, y finalmente a Keko por Bueno para intentar que la velocidad del madrileño diera con alguna escaramuza en una defensa españolista que vivía plácidamente, a la vez que ayudaba con su frescura en tareas defensivas.
Y es que la segunda parte fue un quiero y no puedo del Espanyol, que lo intentaba por el centro, que lo intentaba con los centros desde las bandas, pero que se encontraba con un equipo bien armado atrás, que apenas daba concesiones, salvo en algún error puntual, como el que pudo costarle un penalti a Sereno en una entrada a Sahar en el minuto 69.
El resultado final de empate fue más que justo. El Espanyol tuvo una gran ocasión para ganar y no supo manejar su superioridad numérica para llevarse el partido. El Real Valladolid empleó toda su fuerza en trabajar y no tuvo argumentos para crear peligro, salvo en un par de centros de Haris que Manucho no remató con precisión. El último de ellos llegó en la última jugada del partido, tras una falta lateral. El remate del angoleño salió desviado y con él se cerró el libro. Ahora, sólo queda pensar en ganar en Jerez.
Fotografías (Gonzalo Martín).