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Orgullo y raíces

El artista vallisoletano Dulzaro interpreta en este 23 de abril 'Castilla: Canto de Esperanza', homenaje a los Comuneros cuyas reivindicaciones hace cinco siglos dan sentido al día de Castilla y León

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Lo de antes y lo de ahora. Las tradiciones, lo que nos identifica, lo que da sentido a la tierra. Y cómo los jóvenes recogen todo ello y lo fusionan con nuevas narrativas y tendencias musicales para seguir haciendo camino. Nuestra región celebra hoy, 23 de abril, la fiesta de todos los castellanos y leoneses demostrando el orgullo que supone nacer, crecer e identificarse con las raíces de nuestro abuelos y abuelas, de nuestros pueblos, de nuestro equipo, de nuestro hogar.

Por ello, para conmemorar este día especial, emerge uno de esos jóvenes talentos que reinventan la tradición. Dulzaro, artista vallisoletano, fusiona las jotas con la electrónica creando un sonido novedoso que rinde homenaje a lo de antes. Su voz resuena en el Estadio José Zorrilla, y lo hace entonando lo que hoy ya es un himno, el 'Castilla: Canto de Esperanza'.

Una vez más lo nuevo y lo de antes. El autor berciano Luis López Álvarez escribió en 1972 el poema de 'Los Comuneros', poniendo en valor la lucha de aquellos castellanos que en el siglo XVI se levantaron en armas por la dignidad de su pueblo. En 1521, y en abril para más señas, en Villalar ajustician a quienes justicia pidieran; a quien luchó por el pueblo y perdió tan justa guerra. 

De aquel poema nació el himno. El Nuevo Mester de Juglaría, grupo de folclore segoviano, versionó y puso ritmo de jota a esas estrofas que hoy son clamor popular en toda la región. Precisamente este abril, de 2026, el grupo musical ha recogido el Premio Castilla y León de las Artes en reconocimiento a una trayectoria de más de medio siglo dedicada a la recuperación, conservación y difusión del patrimonio musical tradicional de la comunidad.

Voces, pasajes, gestas e historias que han dado forma a lo que hoy somos a lo largo de los siglos. Desde la noble empresa de Bravo, Padilla, Maldonado, Pacheco y muchos otros que desafiaron la tiranía del monarca belga hasta las también heroicas aunque más opacas luchas actuales: las de los ciudadanos anónimos que mantienen con vida sus pueblos ante el impasible avance de la despoblación; las de quienes renuncian a marchar y deciden permanecer aportando en sus ciudades; las de quienes trabajan, cada día, para hacer que su tierra conserve la energía de sus gentes, de sus mayores, cuidando un entorno que es solo un préstamo que nos hacen los que vendrán.

Un sentir que se refleja en el amarillo de los campos de cereal, a esos que canta La M.O.D.A. y que viste el Pucela en su tercera equipación. El color que enraíza en la provincia y que luce Dulzaro, cuya voz finaliza con esa melancolía del pasado alentando el hambre de futuro. Feliz Villalar, feliz Día de Castilla y León.