El Real Valladolid sufrió de lo lindo para ganar al Nástic de Tarragona por 1-0, con un gol de Javi Guerra en el minuto 51, en una de las contadas ocasiones blanquivioleta a lo largo de todo el partido. No es que el equipo catalán sea un dechado de virtudes, pero a la fuerza ahorcan y esta tarde en Zorrilla se dejó todo lo que tenía para intentar puntuar porque la soga del descenso aprieta mucho.
Si el Nástic estuvo a su máximo nivel y el juego del Real Valladolid se espesó, el resultado fue un partido feo, con demasiados nervios y miedo, mucho miedo. Y a todos estos ingredientes se sumó un intenso calor, que desgastó aún más las piernas y la cabeza de los futbolistas.
A la tensión tampoco se escapó Del Cerro Grande, el mejor árbitro de la categoría, al que el equipo visitante reclamó en la primera parte un penalti de Jordi sobre Powel, anulado por un fuera de juego muy protestado por los catalanes, y la expulsión de Juanito por una segunda tarjeta amarilla que el colegiado madrileño no señaló.
El Real Valladolid comenzó creando problemas al Nástic abriendo el juego por las bandas, aunque los centros carecieron de precisión. Pero con el paso de los minutos, los llamados a ser extremos, Nauzet y Sisi, bascularon al centro, que se convirtió en una manifestación de futbolistas.
Pese a la espesura, el Real Valladolid al menos sí tuvo mucha más posesión del balón que el Nástic, que tuvo en los balones largos a su espigado delantero, Powel, su mejor arma ofensiva, y aunque no tuvo ninguna ocasión clara, al menos sí dio problemas a la zaga local.
Nada más comenzar la segunda parte, Javi Guerra, que ya había avisado en el minuto 41 con un cabezazo picado marca de la casa que sacó felinamente el portero Rubén Pérez, acertó a marcar el gol de la victoria. Corría el minuto 51 cuando Pedro López puso el balón en el segundo palo y allí apareció Javi Guerra, a bocajarro, con todo, para firmar un testarazo imparable, pegado al palo.
El gol fue medicinal para evitar algún infarto, pero lo cierto es que el Real Valladolid tampoco acabó de asentar su juego y el Nástic quedó tocado, pero no muerto, con la suficiente vida para afrontar alguna escaramuza que obligó a Javi Jiménez a emplearse a fondo.
Y así, con sufrimiento, con nervios, sangre, sudor y lágrimas, el Pucela sacó el partido adelante y sumó tres puntos de oro que le permiten seguir agarrado al "Play off" como a un clavo ardiendo.
Fotografías (Gonzalo Martín). En Portada: Javi Guerra dedica a su familia el gol de la victoria ante el Nástic, su vigésimo sexto tanto en la Liga. Arriba: el capitán Javi Baraja felicita al delantero centro blanquivioleta.