Entre Llorente y Víctor se encargaron de aupar al Real Valladolid hasta la séptima posición de la tabla, con 27 puntos (a 15 de la salvación) tras firmar una victoria sufrida ante un Espanyol que cedió mucho terreno en la primera parte y ya no pudo recuperarlo en la segunda, aunque estuvo muy cerca de empatar en Zorrilla. La victoria vallisoletana por 2-1 fue muy justa, pero un error clamoroso del colegiado y un meritorio arreón final del equipo catalán podrían haber cambiado la historia de un partido entretenido desde el pitido inicial hasta el final.
Llorente abrió el camino de la victoria con el gol más rápido de la historia de la Liga española. Una obra de arte. Pérez Lasa dio comienzo al partido y Llorente tocó sobre Víctor. El delantero emprendió una carrera veloz hacia el área y el mediapunta reculó como que iba a ceder para atrás, pero el dúo dinámico blanquivioleta ya sabía lo que iba a hacer: Víctor se giró sobre sí mismo y largó un pelotazo sobre Llorente. Control en filigrana, el balón que baja y con un toque sutil elevó sobre un Lafuente que se vio tan sorprendido como los dos centrales. "Eso se avisa", debieron pensar. Siete segundos, 1-0.
Salir desde la caseta con un gol dio aplomo al Real Valladolid para afrontar un difícil encuentro. El Espanyol quiso reaccionar, pero el equipo blanquivioleta, con Bea como pareja de baile de García Calvo, no concedió ni un solo resquicio a un ataque poderoso, en el que no acababan de encontrar su sitio Tamudo, Luis García y Valdo.
El equipo catalán no acertaba a sacar el balón jugado con claridad desde atrás y optó por envíos largos que la zaga controló con solvencia. Y si el balón llegaba al área, allí estaba Sergio Asenjo para imponer su autoridad.
En el minuto 34, Víctor y Llorente enchufaron el segundo. Tras un córner, un envío en profundidad de Marcos pilló saliendo a la defensa del Espanyol. Víctor controló y en vez de encarar prefirió dejársela a Llorente, que entraba desde la izquierda. Con la derecha, según le llegó el balón, se perfiló para clavarlo en el segundo palo. Otro para la buchaca. Su décimo gol en la Liga y sexto en siete días (tres al Recre, uno al Atlético en Copa y dos esta tarde al Espanyol) habla de un delantero centro en estado de gracia, no sólo en el remate, sino en el juego. Controló balones inverosímiles, bajó a apoyar al centro del campo e incordió como siempre a los defensas con una presión incansable. Y si no marcó el tercero fue porque Lacruz, en el área pequeña, le hizo un penalti flagrante cuando iba a engatillar. La pena máxima fue de libro. Una acción infinitamente más clara que la polémica de Pablo sobre el de Hondarribia el pasado miércoles.
Fotografía (Gonzalo Martín): Lacruz agarra y zancadillea a Llorente en el área pequeña (min. 61).
El Real Valladolid pudo cerrar el partido antes del descanso con una acción peligrosísima de Capdevila, que Lafuente acertó a atajar.
Un dato para avalar la buena defensa blanquivioleta en la primera parte: el primer tiro a puerta del Espanyol con peligro llegó en el minuto 45, cuando Valdo, desde fuera del área, largó un obús a las manos de Sergio Asenjo.
Comienza el sufrimiento
En la caseta Valverde movió sus peones y puso en liza a un delantero más, Jonathan Soriano. El Espanyol ganó en profundidad y encontró una debilidad en la zaga: los centros desde la banda. Y se puso a explotarlo. En el minuto 55, Tamudo cabeceó el primero a centro de Zabaleta, pero el cuero fue a la manos de Sergio. Cuatro minutos más tarde, en el 59, la falta lateral desde esa misma banda derecha la cabeceó de forma inapelable Torrejón, con un gran poderío. El servicio de Luis García iba muy tocado y el remate fue inapelable.
2-1. La historia del partido ante el Recreativo se repetía. Faltaba media hora. Tocaba sufrir. Y se sufrió porque en el minuto 61 el colegiado Pérez Lasa no vio el clarísimo penalti sobre Llorente antes comentado, que además debía conllevar la expulsión de Lacruz, porque la falta fue dentro del área pequeña, cuando Llorente se revolvía para fusilar a Casilla, sustituto del guardameta Lafuente, lesionado en el minuto 48. Y claro, con Víctor en el campo, era el 3-1 fijo. Sumen la hipotética inferioridad del Espanyol y el partido habría acabado.
Pero en vez de media hora de fiesta, hubo media hora de verdadero sufrimiento, con muchos acontecimientos: en el minuto 76, Iñaki Bea cometió penalti sobre Tamudo que Pérez Lasa tampoco quiso ver; en el 77, Casilla tuvo que salir fuera del área para zancadillear a Llorente y evitar el gol, y como había dos defensas detrás, el árbitro zanjó la acción con amarilla cuando bien podría haberlo hecho con una roja porque por mucho defensa que hubiera detrás, rebasado el portero, la acción era no clara, sino clarísima, de gol -con Lafuente lesionado, un jugador del Espanyol debería haberse puesto bajo palos-; en el 83, Capdevila se inventó un recorte en el área y el portero indultado atajó felinamente...
Pero lo más emocionante estaba aún por llegar. A falta de cinco minutos, Alexis entró por Capdevila. Entre el mensaje que recibieron los futbolistas con el cambio y que los vallisoletanos estaban ya fundidos por el esfuerzo, el tramo final fue agónico.
Suerte final
En esos momentos, la Virgen de San Lorenzo echó un cable: en el minuto 90, un centro letal al área fue cabeceado por Valdo y cuando el gol ya era inevitable, Marcos apareció de la nada y sacó el cuero bajo palos. Primer milagro. Un minuto después, enésimo centro al área de Zabaleta y, en pleno desconcierto del sistema defensivo, hasta tres jugadores se quedaron solos ante Sergio Asenjo, pero el centro, mortal, se saldó con un cabezazo infantil de Torrejón a las manos del portero, cuando podía haber bajado el balón para rematar a placer. Segundo milagro.
Y es que cuando todo va rodado, hasta la suerte acompaña. Claro, que si de suerte hay que hablar, el Real Valladolid todavía está en números rojos. Es justo que se empiece a descontar.
Fotografía de Portada (Gonzalo Martín): los jugadores blanquivioleta celebran el gol más rápido de la historia de la Liga española.
Fotografía superior (Gonzalo Martín): Llorente, tras marcar el 1-0.