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2-2: Un punto de locura

Después de perder por 0-2 ante una Real Sociedad majestuosa, el Pucela igualó el partido en tres minutos (76’ y 79’) y Ebert tuvo un penalti para ganar el partido en el descuento

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El empate a dos goles que en la noche de este miércoles firmaron el Real Valladolid y la Real Sociedad necesitará de expertos analistas para desentrañar qué fue lo sucedido en el Estadio José Zorrilla.

El aficionado de a pie pudo ver 75 minutos de control absoluto del partido de un equipazo, la Real Sociedad, en los que metió dos goles por mediación de Griezmann (15’ y 53’) y un cuarto de hora en el que el Real Valladolid resucitó de entre los muertos, empató con goles de Larsson (76’) y Javi Guerra (79’) y acabó ahogando literalmente a una Real Sociedad, que tuvo en Claudio Bravo a su salvavidas, ya que el cancerbero chileno atajó un penalti ejecutado por Patrick Ebert en el descuento de una auténtica locura.

Así pues, de tener el partido totalmente perdido, el Real Valladolid se va a dormir con la impotencia de no haber podido consumar una remontada alucinante y sumar tres puntos de oro por una pena máxima fallada en el descuento. Increíble, pero cierto.

Por partidos como el de esta noche el fútbol es un espectáculo de primer orden, capaz de mover masas y despertar los sentimientos más encontrados en hora y media: esperanza, impotencia, alegría, decepción…

El caso es que, por tercera vez consecutiva, el Real Valladolid empata a dos en Zorrilla. Ante el Málaga, empezó perdiendo 0-1, remontó en una gran segunda parte y una genialidad andaluza provocó el 2-2 final.

Después, frente al Sevilla, el equipo de Unai Emery se puso con dos goles de ventaja y dos tantos blanquivioleta en tres minutos de la recta final le dieron un punto.

Este miércoles, el desarrollo de los acontecimientos se pareció al 2-2 ante el Sevilla: la Real Sociedad se puso con 0-2 gracias a Griezmann y en dos chispazos el Real Valladolid electrocutó a su rival. La diferencia con aquellos partidos fue que en ningún momento la Real Sociedad dejó entrever resquicio alguno para dar pie a la reacción. Incluso, por momentos, el Real Valladolid pareció tirar la toalla porque parecía la típica noche negra en la que a un equipo no le sale nada de nada. Hasta lo anímico nubló el sobresaliente nivel físico del Pucela. Pero el moribundo estaba muy vivo. Primero porque tenía mucho aire; segundo, porque este Real Valladolid se agarra siempre a la vida.

Solo Claudio Bravo frenó en seco la reacción. El Pucela estaba casi muerto y volvió a la vida; en el descuento, la Real era un “zombie” y resucitó para llevarse un punto. Así es el fútbol. Muchas veces inexplicable. Y siempre grande, muy grande.

¿Puntazo? ¿Puntito? Un punto. Nada más y nada menos.

El camino sigue y el sábado (18 horas) espera una nueva batalla en Almería.

Fotografía (César Minguela).