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Historia

De la gloria al ‘barro’ por pasión

Pepín, el cordobés que triunfó en Valladolid y regresó a su casa para jugar en Tercera División

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De ganar la Copa de la Liga al ‘barro’ de la Tercera División. Ese fue el camino del cordobés José Calzado Ferrer, ‘Pepín’, un llamativo centrocampista que brilló en el Real Valladolid a principios de los 80, en una de las etapas más gloriosas de la historia blanquivioleta, justo antes de volver a su Córdoba natal para ayudar desinteresadamente a los suyos.

Era el verano de 1980 y Pepín llegó al Pucela procedente del Getafe. Rápidamente se convirtió en una de las piedras angulares, junto a otros ilustres como Gilberto, Gail o Moré, en ese cuadro castellano recién ascendido a Primera que había pasado las anteriores dieciséis temporadas alejado de la máxima categoría.

Se ganó a su nueva afición con su carácter aguerrido sobre el césped, el cual le llevó a ganar varios galardones a la regularidad e incluso el premio al jugador más destacado del equipo en su tercer año en Valladolid. Era también uno de los favoritos de Paquito, el técnico blanquivioleta, que llegó a pedir que fuera convocado al Mundial de 1982 con España, asegurando que Santamaría, el seleccionador nacional, “se llevaría una sorpresa” si le concedía la oportunidad.

La admiración de Maradona
Con todo ello, nada puede superar su anécdota más curiosa. Un Diego Armando Maradona recién llegado al FC Barcelona en la 1982/83 debutó en el Camp Nou ante el Pucela, en un duelo que los azulgranas ganaron por 3-0, con un gol incluido del ‘Pelusa’. Fue una actuación redonda, pero el argentino, preguntado años después por el mejor marcaje que recordaba en su carrera, destacó a uno de los futbolistas de aquel mismo encuentro: “Por nobleza, fue Pepín, del Valladolid. Fue duro conmigo, pero correcto y noble”.

Casualidades de la vida, el mediocampista andaluz firmó otro de sus mejores encuentros con la blanquivioleta también ante el Barça en el curso siguiente, aunque con la ausencia de Maradona por lesión. “La gente, antes del partido, estaba convencida de que iba a ganar el Barcelona. A nadie le hubiera sorprendido un triunfo azulgrana”, escribió El Norte de Castilla en la crónica del encuentro. Y es que aquel 15 de octubre de 1983, el viejo Zorrilla se puso del revés. Pepín fue el que abrió la lata en el 31’ y el ‘Polilla’ da Silva anotó el 2-0. Recortó distancias el conjunto culé, pero la alegría se quedó a orillas del Pisuerga.

Regreso a Córdoba como campeón
Sin duda, aquel mediocentro de melena rubia fue una figura principal en la ansiada vuelta a la máxima categoría del Pucela. Formó parte de la escuadra campeona de la Copa de la Liga, aunque una amigdalitis le privó de disputar la final. De hecho, antes de ese glorioso 30 de junio de 1984, Pepín ya había jugado su último partido en el club vallisoletano.

Solo dos semanas después de esa fecha, metió su medalla en la maleta y puso rumbo a su querida Córdoba natal. Nunca había jugado en el equipo de su ciudad, que en aquel momento militaba en la Tercera División, pero Pepín quiso poner su granito de arena en un punto todavía álgido de su carrera, con 30 años, en medio de una situación muy complicada en lo económico y lo deportivo para la entidad blanquiverde.

En un abrir y cerrar de ojos pasó de los focos del Santiago Bernabéu, donde jugó sus últimos minutos con el Pucela, a los campos de tierra de Andalucía. Con el conjunto del Arcángel logró el ascenso a Segunda B en su primera campaña y se asentó en la categoría durante las tres siguientes. Tras colgar las botas, se quedó como utillero del equipo, en otra clara muestra de cariño y pasión por su Córdoba. Una pasión incondicional de color blanquiverde que también se tiñó de blanquivioleta.