Han pasado más de cinco años pero hay sensaciones que nunca se olvidarán. La del miedo a lo desconocido. La del temor a contagiar a familiares con algo que ni veíamos ni entendíamos del todo. El olor a gel hidroalcohólico, a desinfectante en la compra tras volver del súper en una ciudad prácticamente desértica. El aroma a pan recién hecho en casa y esos efímeros ratos divertidos en los que nos evadíamos de la realidad al otro lado de la puerta de casa. El clamor de los aplausos a los profesionales sanitarios a las ocho de la tarde. La tristeza profunda por los seres queridos que nos dejaron en unos meses horribles en los que las muertes se comunicaban por teléfono y entre lloros, sin nisiquera el mínimo consuelo de un abrazo. Un túnel que había comenzado en marzo y del que costaba encontrar la salida.
Llegamos a mayo del año 2020. Comenzaba la desescalada, un término que no se olvida como tantos otros (confinamiento, distancia de seguridad, nueva normalidad, mascarilla...) con los que hubo que familiarizarse a la fuerza. El fútbol, paralizado desde marzo, volvía a los entrenamientos, en grupos reducidos de jugadores. La competición, estancada en la jornada 27, presentaba al Real Valladolid luchando por la permanencia en Primera División, con cuatro puntos sobre el descenso.
El partido del 13 de junio estaba marcado como especial. El Pucela tenía que viajar a Leganés para medirse al cuadro pepinero, penúltimo clasificado. El duelo era fundamental para la salvación. Y era trascendental en el camino para volver a recuperar la ilusión, por reactivar la vida puesta en pausa unos meses antes. Un partido que era un primer paso en la salida del túnel de una pandemia que nos cambió.
Ünal y Alcaraz para tres puntos fundamentales
Al fútbol, sin público, le faltó pasión. Pero al menos era un principio de recuperación. Once contra once en el verde con los entrenadores con guantes en el banquillo y los jugadores suplentes dispersados en una solitaria grada, vacía, triste. Tras un emotivo minuto de silencio, en memoria de los miles de fallecidos, rodó la pelota en Butarque.
Si fuera posible aislar todo el contexto y quedarnos únicamente con lo deportivo, el partido fue salvador. Muy pronto Enes Ünal aprovechó un grosero fallo de la defensa para hacer el 0-1 a puerta vacía. En el 54', Alcaraz en el segundo palo remataba un centro de Óscar Plano para poner tierra de por medio. Ya en el tramo final, de penalti, Óscar ponía el definitivo 1-2 en el minuto 84.
Esos puntos fueron una vacuna para los blanquivioleta. No solo por ampliar a siete la distancia con el descenso en esta jornada 28, sino por el cambio de tendencia de un equipo que, tres meses antes -que parecieron años-, encadenó dos derrotas seguidas acrecentando las dudas.
La temporada 2019-20 acabó el 19 de julio de 2020 en medio de un estricto protocolo sanitario, sin gente en las gradas. La salvación se logró con holgura, seis puntos por encima del antepenúltimo CD Leganés, que cayó a Segunda acompañando a RCD Mallorca y RCD Español. El camino hacia la vieja normalidad avanzaba, pero queda aún mucho para eso. Tendrían que pasar muchos meses más para que la atención se posara en la evolución de los equipos en vez de en las gráficas con el número de infectados y fallecidos.