Un escudo que pesa, incluso para las más veteranas. Para una de esas que lleva el gol en la sangre, que cuenta con dilatada experiencia en Liga Gonalpi y que en sus currículo figuran dos ascensos a Nacional. Sandra Luengo González (Valladolid, 4 de mayo de 1998) es a sus 24 años una de las voces autorizadas en el banquillo del Real Valladolid Simancas, un camino en el fútbol que comenzó hace más de una década en un pequeño pueblo vallisoletano y que ha ido labrándose a través de dos principios básicos, el de disfrutar y el de trabajar para el equipo.
Al oeste de la capital, en la región de los Montes Torozos, una de tantas que por desgracia configuran la España Vaciada, Sandra comenzó a dar sus primeros pasos balompédicos. "Empiezo en la pista del colegio, con los amigos. Por la tarde también bajábamos a la pista, éramos bastantes" rememora la '11' blanquivioleta sobre esos primeros años en el CRA de Torrelobatón, su pueblo, colegio rural al que acuden los pequeños de los municipios de la zona. A los 10 años, de la mano de su padre, se apuntó a la escuela femenina de la FCYLF, que aglutinaba a niñas de toda la región para realizar entrenamientos los domingos por la tarde. Y se federó a los 11 en Zaratán. "Me dijeron que si me federaba podía ir a algún campeonato con Castilla y León. En Zaratán era mixto y estuve hasta segundo año de alevín, luego me fui al San Viator en infantiles, éramos todo chicas. Y con 14-15 años todas nos fuimos al San Pío donde jugamos Gonalpi" resume sobre esos primeros años en los cuales el fútbol femenino comenzaba a coger forma en la provincia.
En esos albores de su trayectoria se forjó su juego y su capacidad ofensiva, primero jugando con chicos lo que en su opinión fue positivo ya que "aprendemos más, tienen más fuerza y hay que poner más ganas", y después en el quinto escalón del fútbol femenino al que llegó de adolescente y se tuvo que medir a "chicas mayores lo que te hace tener que dar más, entrar más fuerte, aprender". Y también comenzó a definir las que hoy son sus virtudes: su golpeo de balón y su sacrificio por el bien común.
Sentido de equipo
"Soy una trabajadora, me adapto a la posición que diga el entrenador y a dar todo por el equipo. Igual que si me quedo en el banquillo o me desconvocan, entiendo que hay compañeras que pueden estar mejor. Cuando salgo, a ayudar al equipo, la base de las victorias es el equipo y eso lo intento transmitir, trabajo, actitud, intensidad, pero todas juntas" argumenta Sandra, unos valores que traslada a los niños de categoría cadete que entrena en el CD Villa de Simancas junto a Mamen, capitana del RV Simancas.
En ese transcurrir por el tiempo se cruzó con otra jugadora que hoy es compañera, y ahí se formó una alianza con una capacidad goleadora como pocas. "En el San Pío jugué con Moni, que ya destacaba" comienza, una sociedad que logró el ascenso a Nacional en una temporada en la que "ella metió 56 goles y yo 49, mi mejor registro". Una pareja que en la presente temporada, con el Real Valladolid, ya suma once goles y tres asistencias, para un total de 21 tantos que acumula el equipo en estas primeras nueve jornadas.

En concreto, Sandra acumula cuatro dianas y un pase de gol en una muestra de regularidad ya que ha influido con estos registros en cinco jornadas. Y ello con el hándicap de los primeros partidos en los que arrastraba molestias y no pudo contar apenas con minutos. Sin embargo, tiene claro un principio: "El gol no es solo tuyo, hace bastante el equipo, si el equipo está bien sale todo".
Disfrutar
Ella bromea con que "estoy acostumbrada a marcar uno por partido y, si puedo, más". En el campo es una atacante con potencia y un disparo desde fuera del área demoledor, que la gusta tener "libertad de movimientos, jugar con una delantera conmigo", pero que también ha pasado malas rachas de cara a puerta en las que "cuanto más te obceques, peor". En lo personal, una jugadora que "si veo que me están saliendo las cosas me ofrezco bastante, depende del partido puedo tener un rol más líder o pasar a segunda fila, me siento cómoda en ambas versiones" y que antes de un partido necesita su momento "de no saber nada de nadie, sola y a mi rollo, no soy de hablar mucho en el vestuario".
Sandra tiene conocimiento y trayectoria suficiente para hablar sobre la evolución del fútbol femenino en la provincia, y sobre la categoría. Celebra que "cada vez hay más niñas y cada vez hay más nivel" lo que ha desemboca en la igualdad en esta categoría en la que el Real Valladolid Simancas ha tenido un "complicado arranque, sobre todo fuera de casa" pero con la convicción de que "esta es una de las mejores plantillas y el equipo seguro que va a ir para arriba". Pero, más allá de la faceta competitiva y el puesto en la tabla, está lo que para ella es pieza clave: disfrutar de lo que hace.
"Si no disfrutas creo que no debes jugar" dice tajante. "A mí me pasó a los 20 años. No me entendía con el entrenador, no disfrutaba, no estaba a gusto... ¿para qué voy a seguir?". Ese fue el detonante que la hizo parar, y que ejemplifica la importancia de saber poner freno a situaciones que hacen daño, aunque duela. "Estuve dos años sin jugar", afirma, antes de incorporarse a las filas del Villa de Simancas en la temporada de la pandemia.
Y ahora, ¿disfruta? "Es un poco complicado, es el Real Valladolid y tienes una responsabilidad, es un cambio grande porque aquí tienes que dar otro nivel, es el equipo de la ciudad y pesa el escudo. No es presión, es responsabilidad, y poco a poco vas disfrutando" concluye Sandra Luengo, que con el paso de los partidos se ha asentado en la titularidad y seguirá, con sus goles, haciendo del Pucela un Club más grande.