El Real Valladolid tropezó en el primero de sus cinco escalones para acercarse a la salvación. Y lo hizo estrepitosamente, encajando una dura goleada (4-1) ante el Celta de Vigo en Balaídos. Dos goles antes del descanso (Nolito en el 38´ y Charles en el 39´) y dos más nada más comenzar la segunda mitad (Nolito en el 46´ y Mitrovic, en propia puerta, en el 48´) tumbaron literalmente al Pucela, que tuvo que hacer de tripas corazón para mantenerse en pie ante tan severo castigo.
Desde el comienzo, el partido tuvo color casero. El Real Valladolid tuvo la desgracia de encajar dos goles en un minuto, justo después de tener una gran ocasión de gol por medio de Larsson, pero en los primeros 25 minutos el Celta ya había rematado dos veces al palo por medio de Nolito y Chales, y Jaime había tenido que desbaratar un “mano a mano” frente a Orellana.
El campo parecía pequeño y minado para el Real Valladolid mientras que el Celta encontraba espacios en cada triangulación y auténticas autopistas bien señalizadas para llegar hasta Jaime.
Después de los dos primeros goles encajados el partido se debe interpretar en el plano anímico. El Celta volaba y el Real Valladolid quedó seriamente “tocado” anímicamente. La imagen de Bergdich en el banquillo llorando desconsoladamente tras ser sustituido era el reflejo de los sentimientos que pasaban por la cabeza de los blanquivioleta.
En el tramo final del encuentro el Real Valladolid consiguió rearmarse mentalmente y acabó jugando bien al fútbol. Manucho, que había saltado al descanso, marcó el gol del honor y el Pucela mejoró sus sensaciones, dentro de la dureza de la derrota.
Ahora el Real Valladolid tiene seis días para levantarse y volver a creer en sí mismo. Porque depende de sí mismo para mantener la categoría. El Espanyol espera y no hay tiempo para mirar atrás. Llegó la hora de la verdad.