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Reencuentro con cariño

Aritz Aduriz, de quien la afición blanquivioleta guarda gratos recuerdos, regresa este domingo a Zorrilla con el Athletic, club al que el Real Valladolid le traspasó en diciembre de 2006

16/10/2007 10:40

Apenas estuvo año y medio en Valladolid, pero su pasó dejó huella. Aritz Aduriz (San Sebastián, 11-02-81) llegó a Zorrilla el 9 de julio de 2004. El Real Valladolid acababa de descender a Segunda división y ya le tenía atado desde meses atrás. Santi Llorente y Alfonso Serrano habían visto mucho talento en este delantero del Burgos, equipo al que había llegado esa misma temporada tras pasar durante tres años por el filial del Athletic Club. En su paso por Lezama llegó a debutar con el primer equipo, pero no acabó de tener la confianza de los técnicos bilbaínos y tuvo que salir del País Vasco para triunfar.

El día de su presentación, Aduriz, siempre con una sonrisa tímida en su boca, se cruzó con Sergio Kresic en las oficinas del Club. El croata, que confió ciegamente en él, le saludó con su extremada educación y le dijo: "me han hablado muchas cosas buenas de ti; a ver si son verdad". Aduriz sonrió de oreja a oreja. "Veremos", acertó a decir acobardado.

Pero en el campo Aduriz se transforma. Es un delantero valiente, rápido, agresivo, intuitivo y sobresaliente por arriba. En su primera temporada, comenzó arrollador, firmando un hat-trick en su debut, en Vitoria. En aquella ocasión, Aduriz dejó en el banco a Hornos y le dio el relevo en el minuto 69. A Kresic le costó apostar por la dupla Aduriz-Hornos en ataque, pero cuando lo hizo, no defraudaron y los goles caían como churros y eso que no podían contar con las asistencias de Víctor, que no era ni su sombra machacado por una pubalgia. Cuando todo empezaba a ir bien, llegó el accidente de Hornos, al que siguieron otras desgracias deportivas que dejaron al Real Valladolid en Segunda división. Pero Aduriz firmó un bonito año, con 14 goles.

Aquella campaña 04/05, en el Eibar de Mendilibar sobresalió Joseba Llorente, y Víctor Orta y Caminero decidieron juntarles. La combinación parecía explosiva, pero a Marcos Alonso, el entrenador de turno, le pareció muy osado juntar en el mismo equipo a Víctor, Aduriz y Llorente. Vamos, igual que aquel técnico al que le preguntaron: "¿míster, qué equipo va a jugar?" y respondió como un resorte: "pues los once mejores".

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Aduriz, con la camiseta blanquivioleta. 

En diciembre de 2006, Aduriz era pichichi del equipo con seis goles y el Athletic Club estaba cuesta abajo y sin frenos en la División de honor que nunca ha perdido. El Club bilbaíno estaba desesperado y fijó su vista en Valladolid. Aquí estaban Aduriz y Llorente. Javier Clemente, técnico del Athletic por aquel entonces, conocía a Llorente de su paso por la Real. Y le gustaba mucho. Pero finalmente la dirección deportiva apostó por Aduriz. Y apostó fuerte. Puso encima de la mesa de Carlos Suárez 3 millones de euros y en la cabeza de Aritz una suma irrechazable y una oportunidad única.

El 15 de diciembre, el Real Valladolid traspasa a Aduriz. Podría haberse ido como otros, sin decir ni adiós (mejor no citar casos), pero Aritz se fue como un caballero, con naturalidad, reconociendo su deseo de jugar en el Athletic, pero sinceramente agradecido al Real Valladolid y a la afición. "Quería agradecer el año y medio que he estado aquí. Me he sentido querido y como en casa. Me llevo un cachito de Pucela para Bilbao", confesó.

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Aritz Aduriz se despide de la afición en rueda de prensa.

El de Aduriz ha sido el tercer traspaso más importante que el Real Valladolid ha hecho en su historia tras los 1.500 millones de pesetas que el Betis pagó por Benjamín y los casi 1.125 que debió pagar el Atlético de Madrid por Rubén Baraja (que se quedaron en 250, más la cesión de Gaspar y el traspaso de Mario). Todos asumieron que el traspaso de Aduriz era imprescindible para un Club que agonizaba económicamente; todos menos Marcos Alonso, que arrugó el morro, el ambiente se encareció en el vestuario y comenzó la cuesta abajo.

Una última anécdota: Aduriz, que todavía tiene su peña en el fondo sur, se despidió de los empleados del Real Valladolid en la cena de Navidad de 2006. Carlos Suárez le dio la palabra y el donostiarra se despidió deseándoles que "al menos con el dinero de mi traspaso podáis cobrar la nómina sin problemas". La ovación fue de gala, claro.

Casi dos años lleva Aduriz en Bilbao y su pasó por San Mamés ha sido fructífifero. En Primera hace lo mismo que en Segunda B y en Segunda: jugar bien, pelear con los defensas y marcar goles. Hace lo que puede y lo que sabe.

El domingo, Aduriz volverá a Zorrilla. Será un reencuentro fugaz, pero feliz. Bienvenido, Aritz.

Fotos (César Minguela): Aritz Aduriz, durante su etapa en el Real Valladolid.